La espiga se declara soberana

La espiga se declara soberana

 

(Editorial Vinciguerra, Bs. As., 1993 / ISBN 950-843-027-3)

 

“Este libro ha ganado el subsidio de la Fundación Antorchas. Concurso 1992.”

 

A mis padres, Edelta y Federico, gestores de la espiga.

A mis alumnos, en el amor a la libertad.

 

PRIMERA PARTE

 

Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto…

Lucas 8:8

 

 

 

 

 

 

…en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo;

pero si muere da mucho fruto.

Juan 12:24

 

  1. NACIMIENTO

 

porque la tierra es el poema y apenas si lo contiene

Edna Pozzi

 

Me fundan los trigales que en agosto

renuevan la esperanza,

los reflujos del río, las aureolas

plateadas de los álamos

y el callejón de tierra que desnuda

mi garganta reseca

para que cante salmos que noviembre

devolverá en espigas

cuando disponga nueva levadura

para futuros panes.

 

+++

 

Es la hora del alba, la primera

designación capitular del día.

 

Sobre los campos de América

vuelan la garza y el cuervo.

 

+++

 

Llega el viento del río.

                                          Llegan voces

de allende los confines.

 

Llegan sauces blandiendo, compasivos,

sus látigos rituales.

 

Afirma el trigo su blasón despótico.

 

+++

 

Vuela un halcón venido desde lejos,

los chimangos no ceden.

 

La llanura me eleva hasta la casta

virginidad del monte.

 

+++

 

Detengo mi silencio.

                                       Necesito

volver sobre mis ojos,

 

despegarme los gritos que aplastaron

la luz sobre mi boca.

 

+++

 

La luz, oh luz, oh luz me desespera

y los ríos me inundan la mirada.

 

+++

 

Necesito fundirme con la tierra

de mis antepasados,

clavar la estaca que me nombre hijo

de todas las espigas,

volver sobre los puños que sobaron

los cueros por agosto.

 

+++

 

Sed celeste, celeste como el río;

como en río de sed, celeste sueño.

 

+++

 

Necesito volcarme hasta la fuente

por la agrietada piel de los terrones.

 

+++

 

Los ojos atestiguan.

 

Hay un cielo de álamos que sube

por un río de leche.

 

Pero el yunque resiste.

 

                                                Nos condena.

 

+++

 

Llegan voces de allende los confines.

 

América me sube hasta la boca

para instalar el canto.

 

+++

 

Dolores de poeta.

                                  Vendavales

del oeste que arrasan.

 

+++

 

No recuerdo otra cosa que la luz

disolviendo la yerba,

que la esquirla amarilla del aromo

interesando el pecho de la pampa,

que el discreto chimango pregonando

su efímera agonía.

Hace siglos que habito en esta tierra

de castaña barbarie,

cielos que yazgo con el ojo a cuestas

para obturar el único motivo

que aún se nos resiste,

siderales edades que persigo

con mis huellas gastadas

la razón primordial que nos dibuje,

con las manos abiertas,

como a devotos mártires del miedo

entre la claridad y el parricidio.

 

+++

 

Baja del monte una llovizna verde

que moja las palabras.

 

                                                      Las ovilla

como un bolón de lana apelmazado.

 

+++

 

Los álamos me sueñan.

 

+++

 

Carnalidad que asumo:

El óvalo lunar es el deseo.

 

Hasta que en llaga sienta la semilla

pujando por nacerme.

 

+++

 

Tiembla la luz en los trigales altos

 

y el verde se eterniza en amarillos

                                  primarios y en azules

 

+++

 

Gusto la voz quebrada,

                                           los océanos

quebrados

                      y la luz que suelta un chorro

de esperanza celeste.

 

+++

 

Los álamos frecuentan mi palabra,

los invito a quedarse.

 

Pero el yunque resiste desde abajo.

 

+++

 

La claridad responde a los tañidos

del aire entre las hojas.

 

Voz de celo, de parto.

 

                                            Nacimiento

meridional del día.

 

+++

 

El mar se parte y tú sobre la arena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Toda creación estalla en plenitud.

Mircea Eliade

 

 

 

  1. CORONACIÓN

 

frente a esta luz que en catarata apura

Jorge Vocos Lescano

 

 

 

Una preñez de sol cobró la calle

en su vientre de plátanos.

 

Un temblor en los tilos,

                                             un destello

de luz sobre las copas perfumadas.

 

+++

 

Cosmogónica espiga que sostiene

la identidad del Sur.

 

                                            Humus terrible.

 

Humus cruel que fermenta en las entrañas

de la voz que lo nombra.

                                                         Sustantiva

cavidad de los vientres.

 

+++

 

Del clavel de la voz a la verbena

apenas dista la extensión de un verso.

 

+++

 

Me estremece palpar en los poetas

sus lenguas vegetales.

 

+++

 

Una obsesión de Dios me debilita

los pulmones y el rezo

y descubro reflejos en la calle

que no me pertenecen.

 

Sin embargo se integran a mi cuerpo,

lo escalan, lo reducen,

le quitan el misal con que sostiene

su identidad xenófoba

 

y dejan que se crezca sobre el vientre

de sus propios exilios.

 

+++

 

América es el Sur.

 

                                     España el vuelo.

 

+++

 

Encima del ciprés,

                                  donde los montes

ahuecan las pestañas,

el chimango desgrana su miseria

carnívora y su celo.

 

Porque la flora abreva en el gorjeo

feliz de la calandria.

 

+++

 

Canciones de maíz.

                                     Noviembre fluye

como clara surgente.

 

+++

 

Roma en la casa. Roma en las costillas,

 

                                                    prisión del corazón enamorado.

 

+++

 

Y el alfalfar océano de gracia

para el ganado en celo.

 

+++

 

Llegan voces de allende los confines.

 

América me sube hasta la boca

para instalar el canto.

 

Y la ciudad resiste. Como el yunque.

Los álamos apremian.

 

+++

 

Sonoridad del alba que en el llano

se parece a un poema.

 

La gracia de la voz.

 

                                             O el canto mismo.

 

+++

 

Sobre la arena, tú. Y el mar que parte.

 

+++

 

Una luz, un temblor. El mismo asombro:

los años que nos dimos, compañera…

 

+++

 

Al despertar la siega

se nos abre la pampa como un prisco

que nos ofrece un corazón de semen.

 

Y las uvas su pócima eucarística.

 

Al despertar la siega,

ya no nos pertenecen la semilla

ni la luz o la fuente fecundantes.

 

Una atempórea paz cubre la piel

                                      del fruto cosechado

y somos, en verdad, el fruto mismo.

 

+++

 

Golpes de luz sobre el alero rojo.

 

Felicidad.

 

                         Temblor en el tejado.

 

+++

 

Corre un río de azúcar por los surcos

que devoran las tolvas.

 

+++

 

El verano reposa en la sedante

                            llovizna de los tilos

-mi corazón lo huele-,

y un aleteo invade la palabra

                                    que cae desde el asombro.

 

+++

 

Árida luz detrás de la morera,

como un hilo de savia que se escapa

de sus labios rosados.

 

La dulzura del fruto nos hermana

con la abeja y el misto.

 

La soledad discurre.

 

+++

 

Hay cáscaras de amor desparramadas

sobre la yerba azul.

 

No nos sorprende.

 

Sabíamos del ojo vigilante.

De aquel martirio atroz.

 

De la contienda.

 

+++

 

Voy pecando de azul y paroxismo,

tantas horas,

                           tan lejos,

                                               tan vacías.

 

Y esa sed que se escapa de los vasos

para poblar la noche…

 

+++

 

Los amigos del viento se deshacen

desde el cardón anciano.

 

Cuando la luz me gana,

 

pongo verde y el verde me deriva

por rojos y pasteles.

 

+++

 

El cañadón invade los sembrados

mientras la sed erige sus murallas.

 

Mientras, el hambre espera.

 

+++

 

Cartas de amor.

 

                                  Como yerbas

añorando aquel rocío…

 

+++

 

Hondonadas calientes, pajonales,

petirrojos que violan la conducta

con lutos mentirosos.

 

+++

 

Con el verso pintado en los oídos

va mi boca sangrando por los ojos.

 

Va mi boca sangrando.

 

Por los ojos.

 

+++

 

Ciprés enorme, enorme jazminero;

laurel en gravidez, castos azahares.

 

Perfumes de la tarde chacarera

junto a la vía muerta.

 

                                               Y al bochorno.

 

+++

 

El chimango respira por mis bronquios

cuando la tarde abdica

 

                                                  y al instante

 

sostiene su inmanencia en pleno vuelo

como un grito de luz.

 

+++

 

Rosas de fuego.

                               Rosas

para vender carbones.

 

Caricia de la noche chacarera

sobre las ascuas de los paraísos.

 

+++

 

Voz de mando:

 

                                        la espiga se declara

soberana del tallo que la erige.

 

+++

 

Este verbo de fuego se resiste

a demorar su enojo.

 

¡Oh, Dios! ¡Si los maderos de la Cruz

no hubieran resistido…!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…envejecemos y, curiosamente, nos acercamos más a los orígenes.

Ernesto Sabato

 

 

 

  1. MUERTE

 

 

-Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad.

Sancho II, LIII

 

Para el grano de Dios hay sementera

bajo cardos y abrojos y bardanas.

Antonio Machado

 

 

 

Perfectas son las bocas y los besos

que las bocas arrastran.

Perfectas las edades.

Perfectos los racimos y las uvas

que rezuman la luz de los veranos.

La soledad perfecta, el sol, el humo.

Y esta palabra mía que se evade

para salvar la voz, también perfecta.

 

+++

 

Los álamos me lloran cuando alejo

                                        mis pies de los caminos.

 

Silba el maíz su triunfo chacarero,

la llanura percute.

 

Yo la oigo.

 

+++

 

La luz, el mar y tú, sobre la arena.

 

Adentro, los terrones y el ahogo.

 

+++

 

Ya somos dos los huesos redivivos

que alimentan fantasmas estivales.

 

+++

 

La luz, el mar y tú.

 

Sobre la arena.

 

+++

 

Porque la pampa importa me dibujo

sobre el temblor del sauce.

 

¡Yo amo las lechuzas todavía!

 

+++

 

Rompe temible el aire.

                                             La palabra

sin embargo perdura.

Se sostiene a caballo de las ansias

                                que golpean mi sangre

y arremolina en torno de la fuente

                                 un océano virgen.

 

Yo soy ahora el agua que se estrella

                                contra el acantilado

para que el espectáculo repita

                                 su promesa periódica.

Soy la sal y la arena que refugian

                                 los secretos filiales.

 

Yo soy ahora el agua.

 

Yo soy ahora el agua…

 

+++

 

Cuando se raja el cielo,

                                    los relámpagos

desfloran de ilusión las sementeras.

 

Y la pampa recobra del salvaje

                                    su aliento primitivo.

 

+++

 

Voy a lavarme el alma en el decurso

de la fuente que apura.

 

+++

 

Una luz, un temblor. La transparencia

sobre este despertar adolescente.

 

Y un destierro de hojas que seduce

las tardes del otoño.

 

+++

 

Sin semilla no habrá ración mañana.

Ni vientres que florezcan.

 

La luz, oh luz, oh luz, gana los vientres

y funda la semilla.

 

+++

 

Sempiterno follaje.

                                    Sempiterna

desazón amarilla.

Razón nos sobra.

                                 Falta el entusiasmo.

 

+++

 

Una preñez de luz nos apuntala

debajo de los sauces.

 

Cuando el otoño cede

nos gana la distancia.

 

Ruedan las hojas, sobran fantasías.

 

+++

 

Dinerillo que apuestan las acacias.

 

Sobre un tapete improvisado barre

                                  mi rastrillo de sueños.

 

+++

 

Nos inaugura el mito de la tierra

fecunda que se ofrece.

 

Yo me sumerjo en ella.

                                            La penetro.

 

Las panojas se pudren y alimentan

las  futuras raíces.

 

+++

 

Voy a lavarme el alma.

 

Voy a lavarme el alma.

 

+++

 

Han llegado las lágrimas del Ángel

hasta el moreno ardor de las semillas.

 

Las nubes me silencian el otoño.

 

+++

 

Yo soy esa canción que se desliza

como el agua de abril,

 

                                              por los tejados.

 

Yo descubro palomas donde el día

justifica bostezos.

 

Y recuerdo que un sol se desmorona

más allá de los silos,

 

                                              cada tarde.

 

+++

 

Me percute la blusa en las costillas

cuando descubro tantas desnudeces.

 

Pero la fe resiste.

                                  Me soporta.

 

Los ríos me devuelven el encanto

de las horas perdidas

 

y Heráclito renace desde el fuego

del ulterior poema.

 

+++

 

La tierra nos rescata del olvido.

 

+++

 

Forastero en mi patria, casi un grito

derramado en verbenas y retamas,

subo a la luz y enciendo el entusiasmo.

 

+++

 

Trebolares amargos que al olvido

llenaron de candados:

 

                                               siete llaves

traerán las mariposas.

 

+++

 

Somos un sol continuo que renueva

sus rayos en la sombra,

 

somos la fuente eterna,

 

                                               la cascada

que nace con la muerte.

 

+++

 

Julio a la voz. Julio a la rosa. Julio.

Octubre todavía es el deseo.

 

+++

 

¿Y el fuego verdecido que en las sombras

parieron los eriales?

 

Jesús bajó en América esta noche.

 

+++

 

Ocho palabras sobran

para salvar el árbol.

 

+++

Aunque se apague el fuego,

igual reduciré mi corazón legítimo

hasta volcarlo en caldo de esperanza

sobre el maizal en luz,

para que me devuelvan sus mazorcas

aquel primer fervor irrepetible.

 

+++

 

Los amarillos cuelgan de las ramas de julio

como un cansancio nuevo que sabe a miel eterna.

 

+++

 

La luz, oh luz, oh luz, gana la fuente

que nace de la espiga.

 

+++

 

Estallará mi voz.

                                 El canto crece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

 

Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra

aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias

tempranas y tardías.

Santiago 5:7

 

 

 

 

 

I

 

Los sures del mundo, tan parecidos todos…

Juan Ramón Jiménez

 

 

 

 

¿Dónde buscar el color de las tardes amarillas,

ésas que limitan con el dolor y el fuego

y ponen en los ojos una nube de gaviotas violetas

para aquietar la sed que nos reclama

desde las piedras ínfimas?

 

¿Dónde recogernos,

santurrones enclaustrados en el ruido de aldeas industriales,

para salvar la paz de un aleteo que rece por nosotros,

para abrevar en el temblor sublime del alfalfar en celo,

para nacer de cara al entusiasmo de las espigas vírgenes?

 

+++

 

La patria del maíz levanta el vuelo de una perdiz herida,

descree de sus fuentes ordinarias,

y ata con junco y limo la promesa de volver al adobe,

al oscuro y sazonado mestizaje que le sellara el verbo

con acordes de fuelles y de cañas soplados al olvido.

 

Jazmín en parición, la tarde alarga sus últimas oquedades

y alimenta en los brazos de la noche que se sabe cercana

el amor engañoso del benteveo.

 

+++

 

¿Dónde abrigar la luz?

¿Dónde trazar con fuerza milenaria nuestra grafología chacarera?

¿En qué entrañables surcos fecundados levarán los eriales

sus manos de jazmín y mazamorra?

 

+++

 

No será por morirnos,

ni por nacer con la floración de las acacias, gomosa y deslucida,

que habremos de ganar las indulgencias para esta tierra nuestra,

para esta porción meridional de sangre envilecida

que reclama su propia singladura,

su destino feraz de continente deseado y arrogante,

su dolorosa gestación del tipo racial que lo sustente.

 

+++

 

¿Dónde excavar los nuevos surtidores?

¿Dónde hendir con violencia los arietes de la resurrección definitiva?

¿Dónde sacrificar a los corderos de esta pasión latina y aborigen

que se esconde de su propia arboladura

y se avergüenza de su propio canto?

 

 

 

 

 

 

 

II

 

…porque, aunque están muy metidas en el mundo, tienen buenos deseos…

Teresa de Ávila

Moradas Primeras, 1.

 

 

 

Sabemos que la tarde es un misterio de luces que se pierden,

que el despertar del álamo no alcanza

para aventar la sombra que proyecta nuestro propio esqueleto,

que somos la simiente y la mortaja de la indefinición y el ostracismo.

 

+++

 

Duelen los campos al verano.

Duelen los ojos al ardor reseco de las trojes vacías.

Duelen las manos de afilar dolores que se mellan al uso.

Duelen los pies al aire y a la espiga que nos punzan el pecho.

 

¿Qué hemos hecho del río y la manzana?

¿Qué pasiones, qué odios, que chisperas nos quemaron el juego?

¿Qué corazón violento le arrancamos a la tierra nodriza

y qué polvo, qué sed, qué pajonal nos quebró el horizonte?

 

¿Qué inocentes presagios?

¿Qué mares de verbena y de nabilla?

¿Qué huellas de carancho?

¿Qué rastrilladas pampas nos barrieron de la boda y del luto?

¿Qué no-ser se ha enquistado entre los tallos pioneros de los robles?

¿Qué larvas nos pudrieron las raíces

cuando la trilla apenas despuntaba?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

Tierra desnuda, tierra perfecta,

cielo desnudo, cielo perfecto.

Jacobo Fijman

 

 

 

Atrás quedó una herencia y una historia,

una suerte de cardales y espinillos, de pajabravas lúcidas,

de humaredas de hulla vomitadas por los ferrocarriles extranjeros,

de tracción a confianza y a entereza,

de progresismos vanos,

de ignotas religiones proletarias que mercaron miserias e ilusiones,

de divanes ultrajados por los sueños de burgueses pacatos,

de mieses salvadoras,

de derrumbes, discursos y desprecios.

 

+++

 

¿Qué cielo,

qué combado cielo nos aguarda con la cruz en la espiga,

qué sensación celeste nos acoge con sus manos en vilo

para darnos una flor de madreselva robada de los tangos?

¿Qué tentación, qué letra, qué pelaje nos desliga del nombre que asumimos?

 

Una luz vegetal invade el hueco que al fin nos justifica

-surco de concepción y de pantano,

casa abierta a los célicos tropeles,

hueco de mazorca,

sur de eucaristías consagradas a la tierra de uno-

de donde nace el brote que sostiene la primera inocencia.

 

+++

 

Llegamos desmembrados,

huérfanos de manos y de piernas, a compartir la fe inicialadora;

celebramos el agua,

bajamos con el rayo para besar el labio humedecido,

el de la tierra primordial y eterna,

y esperamos crecer con los penachos como un suspiro ajeno.

 

+++

 

Todo tiempo es un ir a la semilla,

un volver a encontrarse en los talones del sembrador ungiéndonos

herederos del monte,

un impulso hacia el agua primitiva que genera los cuerpos,

un hundirse en la tierra,

                                             atravesándola.

 

Vamos, hijo, a crecer con las estrellas.

Subamos la espiral de la magnolia por sus gradas de fuego.

Subamos de la luz hasta la fuente por el suave temblor de las espigas.

 

 

 

 

 

 

 

CONTRATAPA

Con perfecta y meticulosa pureza descriptiva que escapa de los condicionamientos periféricos, La espiga se declara soberana pone al descubierto una lírica imposible de soslayar porque ella se afianza y ratifica en el vértigo de una palabra que juega a ser enumeración que asombra y metáfora compiladora de tiempos y dominios vitales: “Necesito fundirme con la tierra / de mis antepasados, / clavar la estaca que me nombre hijo / de todas las espigas…”

Claudio Félix Portiglia, a través de toda su obra que es vasta y ampliamente reconocida, se revela una vez más como un poeta de vocación irrenunciable por la creación de una estética propia y es esta particular forma de concebirse la que le permite internarse en el espacio interior del poema que denuncia (“Duelen las manos de afilar dolores / que se mellan al uso”), que reclama (“¿Dónde hendir con violencia los arietes de la resurrección definitiva?”), que enmudece y agoniza (“Dolores de poeta. / Vendavales  / del oeste que arrasan.”), pero que conserva la tersa armonía que equilibra lo racional con lo imaginario en una fusión que, por su solidez, se define a sí misma: “Vamos, hijo, a crecer con las estrellas. / Subamos la espiral de la magnolia por sus gradas de fuego. / Subamos de la luz hasta la fuente por el suave temblor de las espigas.”

Este poemario, no en vano acreedor del Premio Antorchas, ha conseguido reunir, junto a un deliberado ejercicio de liberación de la palabra, una visión deslumbrante de expresividad que configura el estreno de un universo poético que recupera el verdadero significado de aquello que se ha dado en llamar poesía conjetural y fundante.

 

Mizkyla Lego