Libreta de almacenero

Libreta de almacenero

Del Morote

Presunción de la esfera

Tendencias XXI – División editorial / Junín, 2000

ISBN 987-96495-1-6

 

(Este tríptico fue distinguido como “Mejor libro del año en Poesía” por la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP), en La Plata, para el bienio 1999-2000)

 

 

Liminar

A mí, la mayoría de los libros de poemas me aburre enormemente. Y éste asume el riesgo de convertirse en un libro de poemas. No sería extraño, entonces, que se aburriera el lector.

Mi intención es otra, por supuesto. Mi intención es que la poesía que persigo llegue, poderosa y vital, a conmover cada sensibilidad que la recoja; mi intención es que despoje, que se parta y que se multiplique, que funde, que confunda y que procree.

Pero mi abuela que no era tuerta –como dice Girondo-, ya sabía que aspiración parecida sino idéntica tienen los miles de escribidores que, por año, publican sus poemas. Aunque nadie seriamente se atrevería a justificar que fueran más de treinta o de cuarenta los que, por siglo, merecieran el halago.

Así estamos, en fin. Y como cada acto de contrición no es más que un blanqueo de la certeza de que reincidiremos al instante, allí voy, con vergüenza y todo, adonde el azar me lleve.

C.P.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libreta de almacenero

 

 

 

I

 

Espero

repaso lo que fui dejando

y voy atándome los ojos

hacia las manos que desobedecen

 

Una boca sabía que mis besos

no pintaban los labios

Otra boca sabía que mordían

 

Ellos vinieron con sus gabinetes

sus papeles sus técnicas sus números

yo convidaba azúcar

a las hormigas sobre el escritorio

 

Primero elijo el árbol juzgo el tronco

y violo la materia      lamiendo al otro lado

 

Después elijo la semilla y siembro

 

y siento que tu dedo me digita

y siento que te paras frente al árbol

y siento que te sientes a esperarme

 

 

 

II

 

Dos menos cuarto abierto al mediodía

un cartel salta al medio de la calle

 

un escalón se forma en el granito

las antenas transpiran las imágenes

 

sube una hormiga

una pelota rueda

dos ventanas saludan y nacen dos ventanas

 

y yo te pregunto

por la noche

por tu tos

por el niño

 

aunque ruede una esfera qué curioso

 

 

 

III

 

Me das una baldosa yo te cambio

 

mi voz

por vos

por dos

por la criatura

 

que pasó   que dejamos   que nacimos

que dibujamos sobre la pantalla

 

 

 

Ella me llueve entre los ojos

yo le salto los charcos

 

 

 

IV

 

A mí me pasa lo que le pasa a las calles

me pasa que me lleno de humo

me pasa que me rompo que me inflamo

que reviento poblándome de baches

que soporto pisadas clandestinas

 

y me pasa que hay árboles aún que me dan sombra

y niños que me peinan a puro pelotazo

 

 

Pero no se me pasa la edad

pero no se me pasa que alguna vez nacimos

 

 

 

V

 

Vuelvo tras el último retorno

afuera espera lo que no persigo

 

Todo es luz desde el vano de la puerta

 

hay alguien más allá como ayer como ahora

más acá      como siempre

más vacío      más solo

 

 

 

Matamos el águila

sin embargo no duermen los cachorros

 

y hay mucho ruido adentro

mucho ruido

 

 

 

VI

 

Recogí del suelo una pequeña piedra

la puse en mi bolsillo

y supe que tenía entre mis bienes

el principio y el orden

 

sólo después llegaron las palabras

 

más tarde los ladrillos

 

 

 

Y una sábana ardía en tu cabeza

de color y guerrilla

 

un hueco fulminante visionario

una lava de flashes

el ascenso de todos los limones

 

 

 

VII

 

Las fases exploran las pantallas

 

mi todo simultáneo

mi confuso caótico sistema

mi enredada gestión de bienviviente

 

mi red

mi fin

mi objeto

 

 

 

Muevo    como    voy    me huyes

 

la luz en la pared

el mundo intacto

la redondez perfecta del vacío

 

 

 

VIII

 

Acabo de contar

acabas de pegar con los afiches tu rostro facetado

has trazado dos líneas bisectrices

coloreamos el péndulo

las horas

las hamacas

el vaivén musical de tus canciones

 

El mundo se ha movido

 

 

 

Alguien antes de mí

alguien después de mí

yo mismo      ahora

 

 

 

IX

 

Una boca se abre para decirme nada

 

 

 

Hay un hombre entre la gorra y los zapatos

 

Hay objetos que penden de la mesa

un cubo de agua

un vaso de agua

un pocillo goteando la pared

 

Hay motas con impuestos abrochadas

entre anuncios de pastas y servicios

y algún saludo que pasó de largo

filtrado en la heladera

 

 

 

X

 

Soy la última escena de este viaje

sobre el punto del dado

la mecánica nota que detona sobre mi voz inmóvil

el pequeño artefacto demolido

la esperanza del viento

la mentida bisagra

la otra historia

la única

 

 

 

Alguien espera al sur de estos quejidos

de metralla caída

los susurros que enciendan otro canto

 

Leve

como la sal a horcajadas de la noche

azul    el sol    la sal    la noche entera

 

 

 

XI

 

Un hueso se hunde se anida se hunde

carnal como un hueso

 

Ella es el objeto

 

Mi cámara avanza y la posee

mientras el hambre nos retrata

 

van los ojos detrás de las palabras

buscando la total incertidumbre

la mesa en cubos sobre el otro lado

el vértice menor entre los dedos

la llama en danza sobre mis arrugas

el primer eslabón enhorquetándome

 

 

 

Pero a mí me gustaba

prolongar las fronteras

 

 

 

XII

 

Nos despertamos en los apellidos

 

antes fuimos apenas corazones

y eso nunca es bastante

 

 

 

Porque sólo los dientes sobreviven

 

y abríamos la tierra a mordiscones

 

 

 

habríamos            escrito

 

 

 

XIII

 

Olvidémonos todas las consignas

las del papel

las de la tinta

las del chorro de agua

las de los bolsones de residuos

y abrámonos el vientre con la punta de un verso

apenas balbucido

apenas impreso sobre la piel desnuda

apenas tatuado en la pared

 

 

 

No me robes la línea de la cara

siempre estaré ausente cuando marques

mi perfil con tu lápiz

 

y los retratos

 

si supieras de retratos

 

 

 

XIV

 

Cede la materia de esta mesa

yo me escribo los brazos las rodillas

 

y se traga la garganta del lavabo

la premura del chorro

 

 

 

Es el rudimento del idioma poblando el universo

 

 

 

La primera vibración de este nuevo abecedario

 

el punto universal

un mundo

 

 

 

XV

 

A mitad del camino

 

 

 

La carretera absorbe el polvo angélico

que libera el fetiche

enterrándolo junto a los despojos

de huesos y chatarra

 

 

 

Un grito a contrapelo

como una distraída percepción

como una nube

corre y se enciela cada tanto

en los trazos de tinta

 

 

 

XVI

 

Rescato  las viejas hileras

las baldosas de color con que decoro

el lienzo blanco de la útima pared

 

 

 

y en las horas acuáticas te veo

salpicándome el ojo

con aullidos de lápiz y de barro

con caladuras vírgenes que expresan

tus furias contenidas

con tus pies sosteniéndote en mi pelo

 

 

 

agraciada y bestial

devastadora

 

 

 

XVII

 

Nos negamos al unísono

en la espumosa disputa del café

 

Pero la historia ocurre en otro lado

 

Nosotros solamente proponemos el ojo

 

 

 

El poeta se viste de inanición

y empuja

hasta quedar colgado en la pantalla

 

En todo multiplicados divididos

hilachas de color y de sonido

que desparrama el aire

 

 

 

XVIII

 

La luz le dio una extraña fantasía

y un aroma de pinos y guadañas

le perforó la boca

 

sobre el dilema que apuntalan las preguntas

 

 

 

Arriba

 

demasiado arriba

 

crece lo que desoigo

 

 

 

XIX

 

No es poca cosa andar entre dos líneas

mutilándome  el ojo

 

pero es otro el que apunta

 

 

 

Los viejos escalones se desprenden

uno a uno            y resbalo

 

es una iniciación multiplicada

 

una forma una mancha con latidos

 

 

 

XX

 

Prescindo de mi cara mi cabeza

aunque un centro nervioso

me mantenga despierto

 

Parafrasear un río es dominarnos

hasta tragar la lengua

 

 

 

Los veleros asienten con un claro

desdén por la distancia

 

                                                                  Me mimetizo

                                      

                                                                  Asiento

 

 

 

XXI

 

Una lubricidad me unta la calle

 

de voces recortadas

 

                                                                   yo desgarro

                                                                    palabras

                                                                    de los diarios

 

 

 

Otros lamen mi puerta

 

La ráfaga el vermut

en los olvidos

cuelgan pedazos de memoria pública

 

 

 

XXII

 

Ellos avanzan tras la pesadilla

 

                                                                  siluetas

                                                                   y siluetas

                                                                   y siluetas

 

 

 

Son archivos que flotan en el agua

de mis primeras letras

son testigos memorias accidentes

permanencias de pie pedazos de algo

 

 

 

XXIII

 

Practicaba el deleite de nombrar tus errores

hasta que me tragaste la paciencia

 

de pronto me sobraron los ojos

 

 

 

entonces te renové la voz

y cada tanto me obligo a recordarte

como si fueras una contraseña

guardada en mi bolsillo

 

 

 

XXIV

 

Vivo alimentando mis conductos

de líquidos e historias

 

me concedo a la llaneza del vino

me rescato en el agua

me adormezco en la nocturna compañía

de la infusión de tilo o del té con limón

me doy al ron a veces

a veces a los caldos

y casi siempre al frío que se instala

conmigo en el estómago

y pulsa los sensores de la mente

con fechas caras nombres y escenarios

que me fueran inquietos

 

 

 

Pero el café no falta en los milagros

cotidianos que anuncio

 

entre una orilla y otra de los días

les regalo la espuma

 

 

 

XXV

 

Nacimos amañados en el verde

rutilar de la pampa

 

acobijados por las alamedas

y con rigor de hierro apretujados

contra la tierra húmeda

expuestos a los golpes

 

 

 

pero si abro la boca

no es para contarte estas miserias

 

                                                       Yo levanto la frente

                                                       y amanece otro día

 

 

 

XXVI

 

Huele mi mano a semen de siglos venideros

 

tengo la potestad de atar mi lengua

al extremo de un lápiz

y trazar entre el fin y los orígenes

la inefable parábola

 

 

 

Los grillos se callaron a la madrugada

los sueños se cayeron

 

 

 

ésta es una voz en extinción

 

recogela

 

y guardala

 

 

 

XXVII

 

Ella asoma donde todos la vemos

 

yo recorro la atadura del idioma

y la encuentro exhausta procurando

descifrarlo en sus claves

 

 

 

Me pregunto si sirve

 

 

 

El aire se mueve imperturbable

y mastica una mujer

entre los pliegues de la letra

 

 

 

XXVIII

 

Pero no está no estuvo es de otra parte

tan real parecía

 

Salto la tabla

 

 

 

la punta del cordel

los dedos empujándote

el tatuaje lamido

los últimos minutos

 

 

 

Nos destrabamos cuando anochecía

 

 

 

XXIX

 

Traspusimos la isla de carbón y cebada

y el desierto guardó en una botella

la sed que contuvimos

 

Fuimos menos avaros que otras veces

fuimos menos humanos

 

 

 

Los dedos se me esponjan cuando aprieto

 

 

 

XXX

 

En el centro del patio me levanto

estatua de mi propio peso

 

me mido y finjo que mi paso

se alarga hasta tus lindes

 

 

 

Confundimos las patrias

en estas equívocas fronteras

de espacios compartidos

 

 

 

XXXI

 

Retumbo en tu paisaje como un hilo

de cielo que devanas

 

tengo en la mano la primera piedra

 

ingrávido me vierto hasta la fuente

de las resurrecciones

 

creo en vos este suelo de fatigas

 

me aligero la carga de bostezos

apenas pronunciados

 

y afirmo tu presencia en la primera

señal de mis espaldas

 

 

 

La letra nace inadvertidamente

un sol azul me lame la cabeza

 

 

 

XXXII

 

La marca en el mantel pintó una letra

de tu nombre infinito

 

 

 

fueron cuatro grafías imposibles

y una mano en racimo sosteniéndolas

 

 

 

XXXIII

 

Me deslizo por la arista del plato

redonda vocación de continente

 

me veo reflejado en la pulida

superficie de loza

 

soy la representación de mis sentidos

el pulso de una idea que transcribo

con torpes caligramas

 

el primer alfabeto

 

la ultimísima grieta donde filtra

la claridad sus dones

el pedazo de pan

el vino austero

la tecla justa en el momento infame

 

 

 

la oscuridad

el fogonazo

la inoportuna tentación

el vínculo

 

 

 

XXXIV

 

Puedo hacer un inventario nuevo

de mis huesos antiguos

también una memoria actualizada

de nervios y de vísceras

pero no importan tanto a este balance

los rigores del número

sé que hay noches que enciendo las palabras

con sólo pronunciarme

 

 

 

No me he negado a nada últimamente

 

 

 

Los límites del mundo colombino

me alivianan del mundo

 

 

 

XXXV

 

En este espacio monto mi escenario

esta obra es la tuya

 

ya no hay más cicatriz que los sablazos

de vino por las noches

 

 

 

La mínima receta se extravía

 

has encontrado un hombre en estas líneas

pobladas de deseo

 

no estuvo hecho para las estructuras

 

y acabó como un número desprolijo

arañado en la libreta

 

como un rasgo extinguido en la confianza

de aquel almacenero

 

como una proyección de viento y sales

que rebota en las mentes

 

como una parquedad fosilizada

 

 

 

XXXVI

Ya no sé si el espacio me permite

continuar el camino

pero allí voy mientras me dé la sangre

 

 

 

Es útil a las seis de la mañana

tener a nuestro lado una libreta

y veinte dedos en posición de parto

 

 

 

XXXVII

 

Lo que queda del día es una historia

que ya contaron otros

 

a mí me queda un juego de torcazas

liberándome el vuelo

y una sed de preguntas que no exige

respuestas felizmente

 

una elusión que juzgarán mis hijos

 

el sentido que di a todos mis actos

 

las ventanas abiertas al recuerdo

 

las ganas de volver

 

 

 

XXXVIII

 

Reservame un lugar allí en la cuna

que he salido a buscarte

 

Qué vacías las horas me parecen

 

 

 

La muerte ese trámite que cumplen

los que están apurados

me golpea a la puerta

 

 

 

Lo terrible sería no morir

 

 

 

XXXIX

 

 

 

 

                                                        …

 

 

 

XL

 

Hay un rojo penetro va la pata

me salta si te mojo

ya no muerde no duele cada tanto

respira aspiro ves como en la calle

como en el tacto como cada tanto

suelto en el arco solo entre dos partes

mitad encima por detrás al suelo

enfrío al medio en medio en gris en aire

en soplo luces oh lucía vienes

de la mano de un año nuevo era

de la falda de un gusto adiós espero

Del Morote

Del Morote

 

 

 

MOJÓN 1: LAS VÍAS

 

Celebro una edad, un entramado de reales ficciones; el artificio de una voz cayendo como la hoja tardía o el tardío alimento. O la tardía memoria.

Celebro la sequedad de una boca vacía de rezos pero honda en asombros y en olvidos; la pericia del último retrato.

 

 

 

Y es que la roja y poca y tonta mosca

estaciona en la luz y precipita

un hilillo, un impulso, un haz, un vuelo,

una fusión de átomos, un cisma.

 

 

 

Celebro la edad de la cacería y el desasosiego; el retablo de estampas sucedidas que acumula mi legajo; los brotes de alteridad que se desprenden de mi suela sobre los baldosones informes de la plaza, sobre la tierra inútil de los cementerios, sobre la luz del sol o el espasmo del alba.

 

 

 

Desde el vértice cuelga como un péndulo

una gota de sol definitiva.

La luna es una ampolla

que no sana ni duele.

 

 

 

Celebro mi primera comunión con el viento; mis esponsales de caballo atardecido al fragor de las espuelas; el aliento de caña que derramo sobre la blanca noche, sobre la larguedad oblicua y perezosa que me trae sus vestigios, sobre el oval del fondo de mi sueño de niño.

 

 

 

Luminosa es la frente fuente al lunes.

 

 

 

 

 

 

MOJÓN 2: LA CURVA

 

Ajusto la primera vocal sobre éste, mi primer abecedario. Leo los ojos de las aves y las alas de las mariposas. Subo hasta la delgada finitud de la imprudencia, hasta el velado mirador desde el que oteaba los días otras veces, hasta el muelle de leños.

 

 

 

Mire el sol por un rato el agujero

que dejó sobre el barro mi pisada,

la primera y lejana sobredosis

de agricultor acento,

cuando la libertad se proclamaba

desde un pulmón hinchado de aire puro.

 

 

 

Advierto la presencia del hornero y la rana, la lenta licuación del universo ejemplar de las hormigas, el pelaje del zorro codiciado y el hombre codicioso.

Busco en la cuadrícula del tiempo los perdidos genomas, los restos parentales de una raza que me trazó la curva de la lengua y el rigor de los puños; la secreta primera minoría.

 

 

 

Mire la calle el rostro carcelario

de sueños que vuelven de la fiesta,

uno tras otro en ínfima cordura

con sus lunas al hombro,

como cargando el quiero que imaginan

y que nunca pronuncian.

 

 

 

Levanto una pequeña aguja; fijo las tachas de mi pensamiento sobre un lienzo de mampostería y me acuesto a esperar que las cigarras me devuelvan enero.

 

 

 

Desfilaron los cántaros

que llevaban las mozas.

(Las ubres apretadas

fueron pozo y nutriente).

 

 

 

 

 

 

MOJÓN 3: LOS PUENTES

 

Celebro una estación; el recorrido de los muchos vagones que poblaron mi suerte ferroviaria; la obsecuente vanidad de los girasoles que tanto se parece a mi propia vanidad. Y a mi ajena elocuencia.

Celebro el destino de los hijos de la inquisición y el advenimiento de las nuevas preguntas; la mortaja y el óvulo crecido; el surco y la simiente.

 

 

 

Repetido badajo. Repetido

golpe de son (son ellas, no lo niegues).

Repetida verdad. Todas las bocas

van de fiesta al mercado; todas dicen;

todas juran que sí, todas afirman;

todas llenan de voz sus agujeros.

(Nosotros mientras tanto resistimos;

los poetas inundan los mercados).

 

 

 

Celebro la suavidad del tilo y la orfandad de la rosa; las sucesivas muertes anunciadas y el resquicio apenas descubierto entre dos emociones; las heridas de los naranjales, su ocultada grandeza.

 

 

 

Nosotros violaremos las estatuas,

sobre la luz pondremos mariposas

y encima del mantel un pan austero

que diga de la harina,

del callado fervor de la molienda,

de la llanura en luz.

 

 

 

Celebro mi labio balbuciendo los primeros sonidos; la postal de una tarde milenaria guardada en mi cartera o el afiche del aire sacudiéndome.

Celebro la grieta y la costura; la arritmia de la calle; mi pulso vertido en la corriente de esas voces que arrastran.

 

 

 

Anda y bájame el sol que lo preciso.

 

 

 

 

 

 

MOJÓN 4: EL EMPALME

 

Niego cualquier acusación de simetría. Obligo en el revés del naipe mis huellas y mi foto; me descarno las uñas y las cuelgo con las pocas monedas que reunieron.

Admito la levedad de las razones y el gobierno de los intereses. Admito mi desprolijidad y mi torpeza; mis golpes de furia y el bostezo que me provocan casi todos mis colegas.

 

 

 

No me dejes librado a mis intentos

de albañil de señales.

Yo necesito un río y una copa

que a vos seguramente no te sirven.

 

 

 

Relevo de obligaciones a mis bronquios y a mis cuerdas vocales lo mismo que a mis dos costados. Enhebro los días de mi historia con morosa paciencia; alzo la gaviota por encima de todos los símbolos y digiero una palabra cada cinco minutos. Miro, cada tanto, a través de la ventana.

 

 

 

Llueven almendras de los techos bajos

cuando en Junín despunta un sol ambiguo.

 

 

 

Impongo un nombre a cada cercanía, califico cada proximidad y genero el movimiento de todos los instantes que atravieso. Alzo la mano. Grito. Gesticulo.

 

 

 

Cuando alguien se cae, una partícula

de cosmos se derrama entre los dedos.

 

 

 

 

 

 

MOJÓN 5: EL CRUCE

 

Celebro la piedad de la araña y la vigilia del búho; mis ojos abiertos a la vastedad de la noche y las preguntas que grabara de a poco la humedad en la pared.

Celebro el sur tan frío de pampas y de cielos abiertos; la ronca polvareda del camino; el tazón con la sopa o el cacharro que saciaba mi sed en los veranos con agua de la bomba.

 

 

 

Este hombre que soy de barba invicta,

de celosía abierta y pena larga,

tiene en la voz un puño que seduce

porque lo apura el sol. Y el sol no miente.

 

 

 

 

Celebro la crueldad de los aviones taladrando mi cara; la cara de todos los paisanos que vomitó la guerra y arraigaron conmigo, perforando las napas de estos páramos, en mis pies mensajeros, debajo de los dientes que trituran blasfemias y manzanas.

Celebro el vino tinto y la ensalada de cebollas; las horas indulgentes de la madrugada y el paseo nocturno por las calles que dan al devenir.

 

 

 

Ahora puedo leer todos los nombres

que imaginó la historia

-mía es la llave del candor que encierran-,

pero sólo del tuyo vuelvo henchido;

sólo en él me reconozco humano,

y en la hebra de luz que lo sostiene.

 

 

 

Celebro mi enemistad con esas puntas que me hieren los ojos; con el dedo extendido de los dictadores; con las joyas y los oropeles, la sumisión y el desparpajo.

Celebro mi enemistad con el ruido y con el zumbido de las moscas; con las modas y con los modismos; con la mano en el hombro del caído que subraya el dolor de la derrota.

 

 

 

De acariciar me duelen estos dedos

tanto como de aligerar la piedra.

 

 

 

 

 

 

MOJÓN 6: LA VUELTA

 

Afirmo la verdad de las preguntas y el esplendor de lo siempre en movimiento, del temblor permanente, del crepitar continuo, del puro discurrir.

Creo en la resurrección de la duda y en la razón de lo aparente; me afianzo en la visión de las águilas, la solidez del yunque, el esperar del álamo, la promesa de la espiga.

Respiro y me vierto por los ojos hacia el valle de la ínfima luz.

 

 

 

¿Cuánto más bello es un poema que un fósforo?

¿Es que hay algo más bello que una llama?

Presunción de la esfera

Presunción de la esfera

 

 

 

El clavo en la pared

 

Pronóstico meteorológico

 

Estoy solo en medio de una calle

donde no hay más que gente

 

Pasan carteles datos aniversarios políticos y crímenes

pasa un traje de fiesta que contiene una larga muchacha

pasan el tren de las dos y un gol mal habido de la Juve

pasa el pronóstico meteorológico

 

Hoy va a ser un buen día me parece

 

 

 

La tinta derramada

 

Roza tu mano abierta mi costado de invierno

mi ceguera política

tu otra casa

mi mano

 

Fuimos productores de una misma parcela

una patria destemplada de sabores

donde nadie conoce

qué destino persigue

 

Las patas de la mesa

sostienen esta vaga concepción del arte

un diario abierto

y la tinta derramada en palabras

que no leo ni escribo

 

Son de otros e igual me pertenecen

 

 

 

El clavo en la pared

 

Cómo duele ese clavo en la pared

ese clavo clavado en la pared vacía

 

Cómo duele ese punto que me traza

los ojos y el paisaje

 

Roma queda a la vuelta de mi casa

y ya van tres años de soledad en el océano

 

Ahora no queda más que esperar que pase la tormenta

para volver a Roma

y llevar una bala en la solapa

como un jazmín espléndido

 

Media docena de razones

justifica una isla

 

 

 

 

 

Cronología de lo inacabado

 

Redes

 

De lo que fue una mano

sólo me quedan cinco dedos suspendidos

sobre una red de agua

sobre una red de líquido

sobre una red de luz

sobre un pozo de aire

sobre una red y un pozo

sobre los cinco dedos suspendidos

de lo que fue una mano

por encima de una red de agua

por encima de una líquida luz

por afuera del aire

por encima de un pozo

 

 

 

La piedrita

 

Cae una piedrita de la cornisa rota

cae una piedrita al encuentro del piso

cae una piedrita

cae una piedrita

una piedrita

el piso se retuerce en la impaciencia

ya va a llegar

ya va a llegar

tiembla sufre estalla el piso

la piedrita cruza por la infinidad del aire

de la cornisa al piso

ya va a llegar

ya va a llegar

la piedrita

 

 

 

La sal

 

Hiere la sal los ojos y las vísceras

se derrama la sal en sol rotundo

es redonda la sal

como toda la sed y toda el agua

 

 

 

 

 

Como ella

 

Como ella

 

Nadie mueve mi mano como ella

nadie dicta como ella

nadie cancela el día como ella ni apaga las noticias

                       ni invade las paredes como ella

nadie asume como ella la forma de una mancha de humedad

                        ni me arropa como ella al vapor de las cosas vacías

                        de las cosas caídas

                        de las palabras neutras

nadie me destila como ella ni me ata como ella

                        ni me absorbe como ella

nadie en fin me miente como ella su propia beatitud

                         su inexacta presencia

nadie arranca mi sombra como ella para colgársela al hombro

                          ni repara la edad de este agujero

                          ni me alivia la fiebre

                          ni me acorta el camino

nadie me ama como ella hasta la abolición

 

 

 

Te veo desvestir

 

A veces

en la secreta intimidad de un fósforo

te veo desvestir

te veo acomodar sobre las sábanas

mi costado derecho

reparar en el marco de la foto

que está sobre la mesa

extrapolarme con los ojos tibios

 

 

 

Corriente eléctrica

 

¿Qué pasa con estos corazones que bombean sangre humana

y piensan con cerebros de fibra sintética?

¿Qué pasa con la zozobra frente a los semáforos y el pulso de los

operadores financieros a la hora de cierre?

Las blusas    las sandalias    las remeras de los veranos denuncian lo

lo que en los inviernos disimulan los abrigos

Hay más corriente eléctrica que espíritu clausurando el milenio

 

 

 

 

 

Equilibrio de las cosas rotas

 

La absolución

 

Cuelga el alcohol su baratija

sobre el ánimo enfermo

y enciende una memoria falsa

y un falso porvenir

Sin embargo la única sonrisa

que asalta los costados de esta tarde pequeña

llega de su boca perfumada

de cebada y de mosto

 

 

 

Indicios

 

Me refugio en la primera contradicción del hombre

destruyo lo que amo

 

Tal vez haya un instante detenido

más allá del cigarro y de la taza

con los que se esperan dos anónimos en combate

 

La música aterra

los colores aterran

las ideas aterran

 

Principio elemental de la disolución

 

 

 

Consumidores de café

 

A la mesa se sientan evadidos

los consumidores de café

yo me siento con ellos

y consumo este trazo

 

Acabo de justificar el instante

ya no será tan fácil disolverme

 

 

 

 

 

Una marca en la tierra

 

Los andenes

 

Un cardumen saluda en los andenes

              las memorias que parten

quedan palabras desprendidas

                en todos los costados de la boca

el atajo es un vidrio que asoma

                desde el fondo del río

 

 

 

Expedientes

 

Después de la caída queda un cráter

como un sello de goma

sin rastros de violencia

con la misma torpeza burocrática

con la que se definen millones de destinos

con la monótona manía de permanecer

Una marca en la tierra

o en el cráneo de un hombre

genera la misma impredecible quietud

 

 

 

Plaza de Mayo

 

De pronto una paloma

vuelca su murmullo lila

sobre la miga de pan que se reseca

bajo el sol a plomo

de la Plaza de Mayo

 

 

 

 

 

Presunción de la esfera

 

De los críticos y otras menudencias

 

Me medían con la misma vara con que medían a los otros

pero yo      que crecía al sesgo

no les permitía cotejar los resultados

 

Entonces dejaron de medirme

 

 

 

Los nombres

 

Sobre el mundo cifra una respuesta

que no tiene pregunta

 

Mejor es no decir

 

Mejor es olvidarse de los nombres

los días y los actos

 

 

 

La calle es ancha más allá del puente

está abierta a la sombra como un durazno maduro

 

me gusta caminar por ella hasta la aspereza del hueso

y ladearme hasta los bordes del vacío

 

me gusta transitarla en soledad

sin techo sin estrellas ni cielo

 

 

 

Presunción de la esfera

 

Una esfera resbala con la misma morosidad del agua

atraída por la misma gravedad

desdoblada en corrientes antagónicas

de fuerza y resistencia

vertida sobre el mismo vaso

volcada sobre la misma fuente

igual de absurda

igual de relevante

tan perfecta como la nada o el todo

tan ínfima como su presunta utilidad

 

 

 

 

 

La muerte del Maestro

 

La muerte del Maestro

 

I

Vino la muerte a buscarlo

y no atreviéndose con él

se llevó las dos cosas que más le gustaban,

el canto y el camino,

entonces se desplomó bajo la lluvia

cuando todos lo esperaban en la casa.

 

 

 

II

Yo fui el último en verlo y en hablarle;

era fuerte y alto y recio

y había salido de la fiesta

sin invitarme a subir a su citröen viejo,

porque era como un emperador

y le pertenecían todos los lugares.

 

 

 

III

Desde afuera se veían las luces

de la casa radiante;

adentro la cama estaba intacta

y la esposa aguardaba de pie

junto a unos pocos invitados;

no hizo ruido al caer

y al instante corrieron los vecinos.

 

 

 

IV

Yo venía siguiéndole los pasos,

con el gozo palpitándome en las sienes

y los ojos ardiendo de alegría;

no llegué a tiempo para alcanzarle su bastón

ni para sostenerle la nuca

y golpeó sobre el asfalto.

 

 

 

V

Éstas son algunas cosas que me dijo

aquella noche limpia:

“Los pájaros no se cansan,

su vuelo les renueva los colores

como el andar le da voz al caminante”.

 

 

 

VI

Yo no creía valer más que una simple oración,

pero el Maestro me honró con su palabra

y mi ánimo creció hasta convertirse

en canto él mismo

y me llenó de impulsos

y un aura se derramó sobre mi cabeza.

 

 

 

VII

No hubo lágrimas entre los deudos;

la esposa lo cobijó amorosamente

y acomodó su estatura de bambú

sobre las sábanas pulcras;

era espléndido y calvo como un haiku

y nadie hubiera osado arrodillarse

para despedir su cuerpo.

 

 

 

VIII

 

También dijo el Maestro aquella noche

a poco de morir:

“Han de saber serenarse las aguas

después de las tormentas,

todas las cosas son elásticas,

todo se extiende y todo se contrae

hasta ocupar su espacio”.

 

 

 

IX

Ahora reposa bajo la sombra

de un ciprés arquetípico;

hasta allí lo condujeron

los coches de la funeraria

y siete manos fuertes como las suyas

le bajaron el cofre hasta la tierra fresca;

mañana será agua que beberemos hasta saciarnos.

Domésticas

 

Domésticas

 

Si ahora vuelco un puñado de palabras sobre el mantel

habrá que derramar el vino que más tarde las preñe

sin embargo todos los que lleguen no verán otra cosa que una mancha purpúrea

y arrugarán la nariz

como el mísero fiscal que olió el vestido de Mónica Lewinsky

 

Así están dadas las cartas en este final de campeonato

 

Los platos con restos de comida son platos sucios

más por la envidia que provocan que por la grasa acumulada

y la justicia queda reducida a un juego telefónico

en el que se apuestan millones de indigencias

que saturan las líneas de los cero seiscientos

 

Como ven casi nada de poesía

 

Cuando una noche de éstas vi a mi gato descolgarse del techo

tuve la sensación de que salía de un talk show importado

y supe que husmearía la bolsa de residuos

donde se amontonaban los restos de comida de la última cena

el mantel con la mancha

un magazine con ofertas de electrodomésticos

y un puñado de ideas inconexas con rasgos ortográficos

que parecían echadas al descuido

 

como quien derrama una copa sobre la mesa

de puro torpe

a mitad de una sabrosa incomunicación

a Santiago, Juanito, el Ayo y Francina

 

a la memoria de:

Edelta Nizzi, mi madre

Catalina Tacchino, mi abuela

Emma Portiglia (Perla) y Aníbal Ottonello, mis padrinos

Fragmentos de cuatro cartas

Eduardo Gudiño Kieffer

Querido Claudio Portiglia:

Gracias por tu libro, que acabo de tragarme en el bar de la esquina con vodka y jugo de naranja, para contrarrestar el cáncer. Es bellísimo (el libro) (…) Tenés (y no lo pierdas nunca) el oído musical que tantos soi disant poètes se adjudican y tenés, por sobre todo, esa sensibilidad que te hace olfatear la poesía en lo menudo que casi siempre es lo trascendental.

Eduardo Gudiño Kieffer

15 de agosto de 2000

 

 

 

 

 

Poeta amigo:

Tu Libreta de almacenero, con poemas intensos, llenos de fervor, pudo haberla firmado Fernández Moreno. Pero en realidad estás mucho más allá. Hay una rebeldía que no la tiene el autor de La patria desconocida. Una rebeldía y un lenguaje en el que las palabras expresan una instancia por encima de la letra.

Juan Jacobo Bajarlía

18 de agosto de 2000

 

 

 

Querido Claudio:

He festejado de antemano al recibir Libreta de almacenero, y al internarme en sus páginas me he sentido doblemente gratificada, no sólo por lo que en él se lee, sino –y además- por los silencios que concentra (…) Baudelaire decía que: Todo auténtico poeta esconde a un crítico. Y no hay crítica más contundente que la que se ejerce sobre la propia obra, cuando el poeta logra ese fundamental desdoblamiento y se observa desde cierta distancia, con ojo alerta. Sin duda, esa ha sido tu mirada, porque no hay en este libro una sola palabra superflua.

Julia Chaktoura

23 de junio de 2000

 

 

 

Estimado poeta:

(…) Entro a su poesía calibrando los buscados blancos, la eventual falta de puntuación, los buscados equilibrios y desequilibrios de la tipografía. Me sacuden poemas como La muerte del maestro o Indicios, que parece reproducir lo de Oscar Wilde, porque cada uno de nosotros mata al que ama.

Alabo la nobleza de su canto, una especie de novedad sin escándalo. No lo mediré con la vara con que algunos miden a todos por igual. Usted ha podido darle jerarquía a lo doméstico y es capaz de darle de comer a las hormigas (…)

León Benarós

30 de agosto de 2000