15. dic., 2015

Purismo

Ningún purismo suele terminar bien. Por el contrario, grandes tragedias universales podrían computarse en nombre del purismo.
De la biología a la política -pasando por las religiones, las artes, la ciencia, la cultura- el purismo atenta contra el hipotético bien que se propone.
Ni ser puramente ario ni ser puramente marxista ni ser puramente católico, musulmán, cartesiano, darwinista, libertario, pragmático, conservador, vanguardista ha servido para mucho más que para caer en el error. Y de caer en el error a provocar la tragedia el trayecto puede ser muy corto.
Vale para lo que se fue, vale para lo que llega.
Somos humanos porque somos sujetos de lenguaje, único rasgo común que nos eleva por encima de los otros animales. Y en el lenguaje no hay pureza ni estratificación. Hay mezcla, movilidad, interactuación y evolución constantes. Así nace el diálogo: es decir, el dar forma al conocimiento en conjunto. Se crece desde ese conocimiento construido en conjunto; si no, no se crece. Y en la dinámica del universo -y en la dinámica de la historia, incluso-, no crecer es extinguirse.
Vale, por lo tanto, revisar ideas, saberes, comportamientos y actitudes.
Nada es más urgente ni importante que comprendernos y comprender.