21. feb., 2016

La belleza


La cosa tuvo un porqué; pero no importa el porqué, importa la cosa. Se instaló -como otras veces se instalan el fútbol o la política- y dividió las aguas; o, más que dividirlas, las ramificó. Y las ramificó de tal manera que fue difícil retomar el cauce. Esas aguas, en adelante, fueron llovizna, vapor, espectáculo, cascada, hilito; pero nunca más la corriente original, el principio generador del asunto.
Y el asunto es la belleza. Ese abstracto que con la verdad, el amor, la bondad, la justicia y la libertad acaso configure el más remanido de los temas. Y, sin embargo, uno de los menos abordables desde un criterio de razón inteligente.
¿Qué cosa es la belleza? ¿qué cosas -objetos, seres, fenómenos, actos- tenemos para nosotros como bellos? ¿qué medida, qué escalafón, qué patrón comparativo, qué tipo de referencia nos permitiría categorizar esas cosas para apetecerlas, para ignorarlas, para rechazarlas? ¿cuáles, de cuantas nos apetecen, alcanzan valor simbólico? ¿cuántas, entre aquéllas a las que le adjudicamos valor simbólico, alcanzan calidad de tipos? ¿y cuáles, entre los tipos, conformarían nuestro paradigma? ¿cuál, incluso, sería nuestro paradigma superior: nuestro ideal o -más precisamente, en tanto mi hipótesis trabaja con realidades- cuál nuestro prototipo?
Como no es mi propósito desarrollar una tesis, sino plantear una inquietud, voy a detener las interrogaciones y no voy a tratar de responderlas. Me gustará, sí, recibir apreciaciones. Antes, de cualquier manera, quiero sentar una posición: yo me siento incapacitado para abordar la cuestión de la belleza si no es desde patrones femeninos probables. Para mí la belleza tiene forma de mujer. Y la mujer tiene sus tipos, sus paradigmas, su prototipo. Cualquier objeto, ser, fenómeno o acto que convoque mi admiración desde la belleza, la convocará en relación con los tipos de mujer que conozco. Y no importará si provienen de la naturaleza, del arte, de la ciencia o de cualquier otra destreza humana o animal. La misma poesía -actividad que me convoca desde siempre y por encima de mis demás actividades- tiene para mí referencias femeninas. Así la concibo, así la planteo, así -cuando puedo- la materializo. Nada más alejado de lo romántico que esta posición que asumo; nada más próximo a la realidad como se nos da. Al mundo puro y duro; a la vida real, concreta, palpable. De esto y sobre esto trabajaré en lo inmediato y de esto o sobre esto agradeceré cuanto aporte pudiere recibir.