19. jul., 2016

Acerca del amor

El amor que se proclama suele generar una corriente de simpatía (de envidias y de celos inevitables también) porque no es difícil simpatizar con el coraje y con la sinceridad.
El amor que se declama, en cambio, siempre genera fastidio.
Las dos actitudes provienen del clamor que, en sí mismo, es una conducta hiperbólica, una exageración. Pero mientras la proclamación conoce la medida, se declara y no se repite; la declamación actúa, sobreactúa y se repite hasta el cansancio, con lo cual banaliza aquello que pudo nacer sincero.
No importa si se trata del amor cristiano (caritativo), el amor patriótico, el amor filial, el carnal (erótico), el elegíaco, el platónico, el que atrae desde el conocimiento o el que amasa la amistad. Para el caso es lo mismo: importa el tratamiento, la actitud que se adopta.
Pensaba esto, a la tarde, después de entregar el prólogo para un libro amigo. Y lo pienso cada vez que recorro las redes sociales, más allá de la ocasión.