24. sep., 2016

Existir

“Si no estás en los medios no existís”.
Ésta parece la premisa y los medios incluyen la red. Es más: la red ha pasado a ser el medio por excelencia.
Existir por lo tanto es exponerse. Abrirse a la escena. Y la palabra que mejor define la locución “abrirse a la escena” es “obscenidad”. Existir, en consecuencia, es ser obsceno.
Imagino, por estas alturas, alguna incomodidad. Me explico.
Tal como debatíamos anoche en el inicio de “El zorro y el erizo”, las palabras nunca son neutras. Toda palabra es portadora de una carga de significado y esa carga, según como se la utilice, puede devenir un arma. Es cierto que hay palabras que sanan; no menos cierto, que hay palabras que lastiman, que hieren, que matan. No es ésta, por supuesto, la intención. A mitad de camino entre la sanación y la muerte suele hacer equilibrio el esclarecimiento.
Nuestra lengua proviene de otra, madre, que es la lengua latina. Y más allá de las múltiples influencias que recibió y que recibe de lenguas extranjeras, la carga de significado de las palabras que nos definen culturalmente hay que rastrearlas en el latín. Un juego posterior de prefijos y de sufijos completó los matices que exige la comunicación.
Así nos encontramos con los matices de verbo latino “sistere” (estar ahí) que conforman una ponderable familia de palabras. “Ex-sistere”, que dará origen al vocablo “existir”, sería “estar ahí afuera”, es decir, “sacarse del lugar” o “exponerse”. Con lo cual, y en principio, no le faltaría razón a la premisa de apertura. Otros prefijos generan otras posibilidades: “A-sistere” (asistir, estar ahí presente), “Re-sistere” (resistir, oponer una fuerza a lo que está ahí), “De-sistere” (desistir, abandonar el lugar donde se está), “Per-sistere” (persistir, mantenerse en un lugar con firmeza y constancia), “In-sistere” (insistir, estar repetida y constantemente en un lugar), “Con-sistere” (consistir, estar ahí, en un lugar, con fundamento cierto).
En cualquier caso, y volviendo a la palabra que nos generó la inquietud, “existir”, advertiremos una clara afinidad con el transitivo “poner” (colocar algo en un sitio o lugar) y con el intransitivo “ponerse” (situarse en un lugar, estarse ahí). En este caso, es el sufijo cuasi reflejo “se” el que modifica la carga significativa del verbo. Y si completamos con el prefijo “ex” (o sacar, como hemos visto), llegamos a la significación de “exponerse” como capacidad de estar ahí, o sea, de “existir”. Conclusión con la que también ratificaríamos la premisa de la que partiéramos. Puede el lector, por su cuenta, jugar con los prefijos "com-", “pro-”, “dis-”, "ante-", “re-” o “de-” que otorgarían diferentes matices al verbo “poner”.
Me queda una sola observación y tiene que ver con el carácter de “obsceno”, que expuse más arriba y que genera cosquillas.
El prefijo “ob” deriva de “op”, que significa apertura (optimismo: apertura a la confianza; observación: apertura a un conocimiento). “Scene”, por su parte, significa “escena”, es decir, estar ahí, en presencia. Asistir, insistir, consistir, persistir. O existir. Ser “obsceno”, en síntesis, no es más que mostrarse, que exponerse, que hacerse visible. Que existir. La mala reputación que adquirió la palabra proviene de una cultura milenaria que negó el cuerpo humano, sobre todo el cuerpo humano desnudo, y lo identificó con el pecado. Queda a criterio de cada comprensión corroborar o negar la premisa de la que partimos.