23. ago., 2017

Dime cómo te ríes y te diré quién eres: LA ABSTRACCIÓN Y LA RISA

 

En la sala de espera de mi kinesiólogo hay un acrílico con líneas curvas que componen figuras representativas de todos los deportes. Son abstracciones, pero de una precisión admirable. Durante las semanas de concurrencia diaria las observé, primero; las analicé, después y las reproduje, finalmente, con mi escaso talento de dibujante, en una servilleta. Por estos días las llevé a la escuela y estamos viendo, en los distintos cursos, cómo se transita del enunciado a la abstracción y de la abstracción al enunciado, porque siendo el humano un sujeto de lenguaje todo lo que haga o deje de hacer se traduce en comunicación lingüística y es codificable y decodificable. Lo mismo sucede con los colores, por eso nunca son caprichosos los que identifican una marca o un partido político. Cualquier publicista sabrá explicar esto mejor que yo.
El asunto es que, asociando cuestiones, en la que ahora me quiero detener es en la cuestión de la risa, como fenómeno y como representación.
No hay animal que se ría, salvo el humano y algún homínido. Y es tanta la necesidad de reír –sobre todo, de tener motivos para hacerlo- que se busca representar la risa de mil maneras; incluso, en tiempos de magia tecnológica, haciendo reír falsamente a las mascotas, las bestias y las fieras mediante fotos trucadas.
Bien, ¿qué es la risa? ¿qué significa la risa?
Qué es se contesta con relativa facilidad: una reacción orgánica que responde a diferentes estímulos psíquicos con efecto catártico. Qué significa, en cambio, complica la respuesta. Desde la ternura y la simpatía que nacen del buen humor hasta el desprecio y el sarcasmo que alimentan formas del odio, la risa recorre una vastísima gama de significaciones que sería imposible abordar desde un texto como éste. Pero como suelo opinar con frecuencia que uno debería escribir como habla, de manera tal que pueda oírnos cualquiera que nos lea, me detendré por un momento en la representación gráfica y lingüística de la risa; es decir, en esas abstracciones que en forma de sílabas, cuasi palabras o emoticones circulan por todas partes, pero especialmente por la red.
De los emoticones hay poco para desmenuzar: como toda expresión prefabricada, sólo transmiten aproximaciones distantes, superficiales y hasta frías de ciertas cortesías o de ciertos afectos. Pero la risa traducida en signo lingüístico –entiendasé en sílabas o cuasi palabras- revela costados de la personalidad que la emite que bien vale atender.
1. La risa con ‘a’
Si tenemos en cuenta que la consonante que define la risa es la ‘j’ (o su variante aspirada, la ‘h’), la significación varía según la calidad y la cantidad de las vocales que la acompañan. Y la ‘a’, máxima apertura del aparato fonador, revela en principio franqueza y alegría. De cualquier manera, no es lo mismo un ‘Ja’, que induce cierta sorpresa (‘Ja, pero qué bonito, eh’), que un ‘Jaja’, que induce un grado de compromiso afectivo formal (‘Bueno, jaja, nos vemos’); que un Jajaja, que induce festejo al destinatario, o que un Jajajaja…, que induce carcajada, plenitud, bienestar, felicidad. Las variantes cibernéticas que representan esta risa al estilo de ‘Ajjajjjajjj’ o parecido sólo pueden inducir ahogo, asma, atragantamiento, torpeza o banalidad.
2. La risa con ‘e’
Esta forma de representación revela, por su parte, costados de picardía, de sobrada, hasta de arrogancia: ‘Je, en la que te metiste…’ o ‘Yo soy un tipo confiable, jeje’ o ‘¿Así que la rompiste el domingo? Jejeje’ o ‘Mirá el auto que se compró el tontito, jejejeje’.
3. La risa con ‘i’
Vocal filosa y cortante como ninguna, la risa con ‘i’ también revela picardía, pero con altas dosis de hipocresía, de cinismo y hasta de perversidad. Es la risa que genera más desconfianza. En lo personal, nunca le daría lugar entre mis afectos más próximos a una persona que se ría con ‘i’, por ejemplo: ‘¿Te gusto? Jiji’ o ‘Mirá como revientan los gorilas, jijiji’ o ‘Jijijiji qué pelotudo que sos…’
4. La risa con ‘o’
Papá Noel al margen (o incluido, si se prefiere) el que se ríe con la ‘o’ suele ser un grosero, un zafado o un irresponsable. Un inimputable también, si alarga demasiado la ‘o’ final, por ejemplo: ‘Los cagamos, jojojooooo…’
5. La risa con ‘u’
Por último, la risa con ‘u’ revela un avanzado estado de cerrazón de la mente, equivalente a la máxima cerrazón del aparato fonador. Esta representación de la risa puede inducir desde la inocencia cándida de un Largirucho (‘Jujuju, blá más fuete que no te escucho’) hasta la maldad extrema de una Cachavacha (¡Sapos, serpientes y culebras… Jujujuju…!)
Y una variante: Cuando la máxima cerrazón de la ‘u’ se combina y se diptonga con la máxima apertura de la ‘a’, sólo cabe interpretar, además de la inimputabilidad, la condición de un guarango: ‘Juajuaaaa… (Y perdón por la guarangada, sólo atribuible a mi propia inimputabilidad).