8. jul., 2018

"Los inmorales nos han igualao"

No me acuerdo de los años que tendría, pero sí me acuerdo de la magnitud de su enojo.
Yo escuchaba a Julio Sosa cantar "Cambalache" y, además de la voz que me parecía perfecta, me llamaba la atención el pasaje que decía: "los inmorales nos han igualao". La asociación, tal vez, vendría porque mi papá tenía un jefe de apellido Morales, de quien siempre se quejaba. Aunque esto lo pensé mucho tiempo después.
El asunto fue que yo memorizaba y repetía la canción y un buen día, de sopetón, se me ocurrió preguntarle a mi mamá si ella era inmoral.
Montó en ira y yo me asusté. No me preguntó si yo conocía el significado de la palabra, me dijo de todo y no me pegó porque no era de pegar, pero sus palabras me dolieron como si me hubiera pegado. No podía comprender, desde mi ignorancia infantil, cómo una pregunta podía enfurecerla de semejante manera.
Tanto fue mi susto y el impacto emocional que me provocó la reacción de mamá que pasó muchísimo tiempo hasta que volviera a preguntarle algo.
Claro: yo la había ofendido y en su mente la ofensa pudo más que la razón.
Recordé este episodio mientras repasaba las noticias y advertía que muy pocos se ofenderían tanto, hoy en día, porque les dijeran -ya no les preguntaran- que son inmorales.
Es más: casi que de la inmoralidad se hace un culto, aun desde instituciones que se autoproclaman "reservas morales de la humanidad", como la mismísima iglesia en la que mi mamá tanto creía. Allí los vemos al líder y a sus operadores protegiendo a los inmorales de turno, sobre todo a los autóctonos.