19. jul., 2018

Quiero decir

Yo tengo mis años, ya, aunque el documento acuse 45.
Quiero decir, vi cosas.
Y el razonamiento arranca de un posteíto anterior que generó un pequeño revuelo.
Entre las cosas que vi, vi morirse a mis padres, mis abuelos, algún primo y algunos amigos demasiado cercanos y demasiado pronto. No soy indiferente a la muerte y la sufro como cualquiera.
No hago, sin embargo, de la muerte un fenómeno de morbosidad. La siento, pero la acepto. Como a la vida misma de la que es su coronación.
También vi velorios a granel. Cuando yo era chico se usaba, todavía, el asunto de los velorios. Y debo confesar que en pocos lugares me reí tanto. Chistes como se contaban en los velorios difícilmente se oyeran en otras partes. Y allí aparecían todos juntos y por un buen rato. ¡Ojo! No sólo contados por allegados que iban por el café o la copita de coñac; contados por los mismos deudos directos del difunto mientras alguna señora, más o menos mayor, se arrancaba la ropa y se tiraba de los pelos. ¿No es, acaso, la sobreactuación también una forma del chiste?
Sé que incomodan estos temas y no es mi intención ofender a nadie ni devaluar el dolor. Dolor que cada uno siente como puede. Pero aun la muerte merece que el humor la acompañe. Si aprendemos a reírnos de la vida también aprenderemos a reírnos de la muerte y será menos duro ese trance natural.
Un día me tocó decirle a un señor que vivía atormentado por la muerte que creía próxima (aclaro que vive todavía), después de una vida predicando catolicismo y vida eterna para los demás: "¿Y de qué tiene miedo? Si Dios existe y usted vivió conforme a sus mandamientos, ¿por qué no lo aceptaría en el Reino de los Cielos? Y si no existe, tampoco se va a enterar. Nada grave, en tal caso, sucedería".
El señor, por supuesto, no se rio. Y me quedé con la intriga de saber si era él quien carecía de sentido del humor (no quiero pensar que careciera de confianza en aquello que tanto predicara) o era yo demasiado malo para ejercer el humor y por eso me dedicaba con pasión a la poesía o el fútbol.