13. dic., 2018

El cinismo es obsceno

Algunos los confunden, pero el cinismo es lo contrario de la hipocresía. Ambos llevan la mentira como objeto. La proponen, sin embargo, desde comportamientos diferentes. En tanto la hipocresía consiste en decirle al feo "¡Pero qué hermoso que estás!", para burlarse y criticarlo por la espalda; el cinismo consiste en marcarle al feo lo feo que es, como si fuera una broma o un acto de sinceridad, para que al feo le duela, pero no tenga capacidad de reclamo.
La hipocresía es taimada. El cinismo es obsceno.
Con los dos convivimos. A los dos ejercitamos con mayor o menor frecuencia, con mayor o menor predilección. Los dos conforman, a mi juicio, los peores vicios de la especie humana.
La introducción me sirve para pensar que venimos de muchos años, quizá de muchas décadas, de predominio de la hipocresía. Asistimos, por los días que corren, a un viraje radical hacia el predominio del cinismo.
Cualquier controversia se aborda desde la obscenidad. Todo se pone en escena, todo se actúa y se sobreactúa. Y se lo hace en nombre de una pretendida verdad. La verdad de los expositores.
Los espectadores, mientras tanto, procuran comprender. No es común que lo consigan. Comprender es tarea compleja y exige la intervención del pensamiento. Pero pensar es arriesgado; es violento, incluso, para alguna teoría. Más fácil es creer, diría que más recomendable. Le creo o no le creo al otro según el grado de empatía. O según la propaganda. O según la dirección y el volumen de la ola.
Cambiamos la tesitura del vicio. Es poco, nada, en cambio, lo que avanzamos para sanar.