25. oct., 2020

Acerca del odio

El odio no tiene ideología. Tampoco tiene clase social. Se odia a diestra y a siniestra. Se odia arriba -eso se llama desprecio-, se odia abajo -eso se llama resentimiento- y se odia en el medio -eso se llama celos, eso se llama envidia-.
Pretender que el odio es propiedad de un sector, de una clase o de un partido es excusa gastada para imponer un poder autoritario o, incluso, totalitario.
Las religiones, más que la política e influyendo sobre ella, son promotoras del odio, aun cuando vivan hablando del amor. Y son promotoras del odio porque se reservan invariablemente para sí la tenencia de los buenos. En esa propuesta binaria, si nosotros somos los buenos los de enfrente, necesariamente, deben ser los malos: los espíritus a conquistar, los espíritus a convertir, los espíritus a transformar o, llegado el caso, los espíritus a aniquilar.
El único remedio conocido para enfermedad tan extendida es el desarrollo de la capacidad de pensar. No se resuelve el problema a través de los sentimientos; al contrario, los sentimientos sin una razón que los module nublan todo, ponen todo rojo o ponen todo negro y el problema es de nunca acabar.
Leer por estas horas lo que se escribe, escuchar por estas horas lo que se dice produce una honda sensación de tristeza, un inmenso dolor.
Y cabe advertir, por enésima vez, que nadie está en condiciones de controlar el pensamiento de nadie, de imputar el odio de nadie. Las relaciones de amor-odio -y la paz y la justicia que emanaren de esas relaciones- en cualquier sociedad se autorregulan libremente. Todo organismo que se proponga para incidir sobre la cuestión no hará más que incrementar el problema.
 
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Publicado en Facebook el 14 de octubre de 2020