13. nov., 2020

Amar

Lo que sigue será dicho desde la liberalidad que profeso y desde la libertad que ejerzo consecuentemente. No es necesario que coincidan conmigo ni que tomen lo dicho como modelo; mucho menos, como verdad.
Yo entiendo que si se amó no se deja de amar. No importa la duración del vínculo, si lo hubo, ni la suma de nuevos amores. Que tampoco serán tantos.
No creo en el amor único. Si es plural con los padres, con los abuelos, con los hijos y con los nietos, incluso con las mascotas para quienes aman las mascotas, bien puede ser plural con las personas que aparecen en nuestras vidas y nos hieren la sensibilidad y los sentimientos de manera definitiva. Después se mezclan otras cosas: la pasión, la sexualidad, el nivel de diálogo, la costumbre. El error, incluso. Y el deslumbramiento; la humana tentación por la novedad.
Pero tengo para mí que, si se amó, se continúa amando hasta la muerte. Sea la cantidad que fuera. Y que cada amor desfilará, con sus virtudes y con sus defectos, en el momento del último recorrido.
Es muy enojoso, claro, confesarle a quien se ama en el presente que se guardan amores del pasado. Que están vivos. Que son, aunque no estén. Tampoco es fácil tolerarlo que lo hagan con nosotros. Pero es bueno saber, a cierta altura del trayecto, que pudimos amar, que pudimos ser amados, que podemos amar todavía y que cada amor merece su lugar de privilegio en la memoria.