1. feb., 2021

La manzana de la discordia

Se los usa en contextos diferentes. Pero los sustantivos "discordia" y "discordancia" están íntimamente emparentados. El primero goza de peor fama, trataremos de entender por qué.
Femeninos ambos, "discordia" significa desavenencia, oposición de voluntades. También diversidad y contrariedad de opiniones. Y hasta hubo una deidad que la tipificaba: Maléfica, hija de la Noche, pronta a los requerimientos de Marte (dios de la guerra), fue desterrada del Cielo por Júpiter y, furiosa por no haber sido invitada a las bodas de Peleo y Tetis, arrojó al medio del festín la famosa manzana que provocó el juicio de Paris. De allí, lo de "la manzana de la discordia". De allí que el sustantivo "discordia" remita a cierta idea de maldad, de despecho, de intolerancia, de rencor y de resentimiento.
Menos severo, "discordancia" significa disconformidad, diversidad, contrariedad.
Ambos abstractos derivan del verbo "discordar" que, en sus dos acepciones etimológicas, significa tanto ser diferentes, desavenidas u opuestas entre sí dos o más cosas, como no convenir uno con otro en sus opiniones. Una extensión analógica, trasladada a la música, asigna a "discordar" el estar desacopladas las voces o los instrumentos.
Digamos, para resumir, que si "discordancia" es un sustantivo de la democracia, "discordia" lo es de todo autoritarismo que fomenta una grieta.
Ahora bien:
En la Argentina estamos sometidos a un régimen que edificó su poder sobre el relato de los derechos humanos. Organismos otrora respetables como el CELS, las Madres de Plaza de Mayo o las Abuelas de Plaza de Mayo fueron funcionales al relato y desvirtuaron sus orígenes. Y otros organismos, nacidos al amparo del régimen y vinculados con minorías contestarias que tienen derechos, pero que de ninguna manera son dueñas de la verdad ni tienen facultades para hacer docencia a partir de sus ideologías, coparon la escena social y política. Y, como antes lo hicieran las iglesias (las religiones en general), trabajan sobre las dos mayores debilidades de la persona humana: la culpa y el miedo. Son, de alguna manera, la manzana de la discordia.
Pienso esto a partir de ciertos indicadores:
En pocos países se viola tanto los derechos humanos como en la Argentina y Venezuela, sistema éste que el régimen eligió como modelo. (Cuba y Rusia, por supuesto, son principales contribuyentes).
En pocos países se miente y se odia tanto desde el poder político como se miente y se odia en la Argentina, con la particularidad perversa de acusar a los opositores de mentir y de odiar.
Y una contradicción que suma:
Ni los femicidios ni la violencia de género se redujeron desde que gobierna el régimen. Al contrario. Sin embargo, aquellos organismos permanecen mudos. Distraídos y cómplices. Con el agregado de que los mismos activistas que se proponen como defensores de las minorías postergadas y piden cárcel inmediata para los comitentes de femicidios, abusos y otros crímenes aberrantes, antes incluso de que fueran probadas las responsabilidades por la Justicia, una vez que esos presos se confunden con la masa de presos que superpueblan las cárceles piden por su liberación, como si se tratara de ladrones de gallinas.
No hay en las cárceles ladrones de gallina. La ideología los mareó.
En fin. No gustará lo expuesto. Pero alguna vez deberemos encontrar la manera de vivir en libertad, con un grado de justicia y de paz razonables y con ese mínimo de coherencia imprescindible que nos permita, a los argentinos, funcionar como comunidad, desarrollarnos como nación, crecer a partir de nuestras diferencias, completarnos, desarrollar.