26. feb., 2021

Ascochinga

Es una opinión personalísima que no voy a discutir públicamente, por lo que adelanto que no responderé ninguna intervención, coincida o disienta con ellas. La expongo en mi muro ejerciendo mi derecho de expresarme con libertad, en tanto vivo, todavía, en una república cuya Constitución me garantiza ese derecho.
El Presidente, a mi juicio, no es ni ignorante ni incapaz. Tampoco es tonto ni vive una realidad paralela. Y no tengo ningún elemento que me permita imputarle corrupción.
El Presidente es un hombre que está en el lugar equivocado, llevado, acaso, por la cuota de soberbia que a la inmensa mayoría -si no, a todos los humanos- nos hace creer que podemos asumir empresas que exceden, por mucho, nuestras posibilidades reales. Si no fue extorsionado -hipótesis que no me consta, pero que tampoco descarto- se jugó por un lugar en la historia. A la que ya accedió, aunque de manera lamentable.
Dicho esto, al Presidente se lo ve cansado, fatigado. Impotente.
De allí, según pienso, que enhebre un rosario de errores y contradicciones difíciles de comprender. Acaso su personalidad, acaso su referida presunta soberbia, acaso la hipotética extorsión, le impidan tomar conciencia de la imagen que ofrece, adentro y afuera del país, y pegar el salto o el volantazo que muchos creyeron que pegaría.
Por la salud de la nación, por la salud de todos los que habitamos su territorio, es de esperar que el Presidente no termine con licencia en Ascochinga mientras su eventual reemplazante decreta "aniquilar la subversión". Lo que ahora significaría aniquilar la Justicia, aniquilar la prensa libre, aniquilar la oposición, aniquilar cualquier opinión disidente.