Adultos de ahora / 2

 "Ya estás grande para hacerte el rebelde. Ay, ay estos adultos de ahora..!"

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"Tierra espléndida la de Córdoba -dice Borges desde un viejo folleto de turismo-, cielo justamente famoso, y paisajes, serranías, arroyos y hondonadas que ignoran la ostentación, pero no la belleza".
Así también es ella para mí. Ese menudo territorio humano que un día se le reveló no a mis ojos, sino a mi espíritu, y que desde entonces amo como a nada.
Belleza sin ostentación. Suprema belleza que quiso regalarme la vida. Ahí nomás, a la vuelta de mi casa, al amparo de un níspero poblado de gorriones.

 

Poeta es Mordillo, por ejemplo

No les gusta nada a mis colegas empinados, primero, que los trate de colegas, y segundo, que insista con las cercanías palpables entre poesía y humor. Para ellos la poesía es –y debe ser, casi kantianamente- grave; y si admiten una cuota de humor, tiene que venir únicamente por vía del delirio y el sarcasmo surrealistas o de la acidez expresionista o nadaísta. Se sienten, por lo tanto, mucho más cercanos a los cultores del psicoanálisis –gente grave y platónica si las hay- que a los cultores del humor, tan dionisíacos.

Y yo sigo pensando que viven equivocados; aun cuando, según me dijo alguien con humor involuntario, pensar sea ‘un acto violento’.

El día más feliz

¿Existe un día, en la vida de las personas, que pueda calificarse como "el día más feliz de mi vida"?
Existe.
Pero, como la raíz cuadrada de 2, se trata de un día irracional. Un día compuesto por la suma de cada situación que, por un rato, hizo de tantos días el "día más feliz de mi vida" y que tiene, por lo mismo, proyección a tantísimos problemas de la cotidianidad que nos permiten hallar soluciones donde, a veces, sólo se ve el problema.

El principio del eterno retorno

El problema, cíclico y eterno, de la lucha heroica por la revolución anticapitalista, nacional y popular es que la escriben y la cantan intelectuales y poetas a una edad en la que no entienden muy bien qué es lo que escriben ni lo que cantan, pero suena lindo y entran en la masa -siempre tan sensible, tan desinformada-  y convocan y entusiasman y venden y convencen. Después, cuando crecen, se dedican a conservar la quintita y a disfrutar del capital que ganaron –y acumularon- escribiendo y cantando la revolución anticapitalista y heroica, pero de la lucha popular se olvidan para siempre.

Variaciones Girondo

¡Calladitos la boca!

No se me importa un pito que las personas tengan las caras como adoquines o como máscaras de goma; un hotelito alquilado o una colección de mansiones sin estrenar. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con los mismos millones que tenían ayer o con un listado imprevisible de nuevas propiedades. Soy perfectamente capaz de soportarles que ostenten una obscenidad que sacaría el primer premio en una exposición de extravagantes delincuentes. ¡Pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no piensen como yo. Si no saben darme la razón ¡pierden el tiempo los que pretendan persuadirme!

Sobre el valor de la palabra

La palabra fue perdiendo valor en boca de los torpes. No importa si esos torpes son chismosos, políticos, curas, psicoanalistas, funcionarios a dedo, vendedores, graduados universitarios, seductores compulsivos, animadores culturales, agentes inmobiliarios, publicistas, propagandistas, consultores, poetas o relatores oficiales o poetas o relatores de la antología.

 El tema es la palabra y el efecto que, desvalorizada y todo, la palabra provoca.

Por eso resulta atractivo, como experiencia de vida, comprobar que uno mismo, según los intereses o las expectativas que afecte, pueda ser, en la apreciación de los torpes, canalla, divino, sumiso, rebelde, baboso, genial, viejo verde, maestro, temible, zapallo, soberbio o pelotudo cuando es, apenas, un tipo más, que hace lo que sabe y vive como puede, igual que la mayoría.

¿A los torpes y a los charlatanes les va mejor? Probablemente. También le va mejor a la burbuja mientras dura, tan perfecta, tan luminosa y codiciada. Eso sí: ninguna burbuja depende de sí misma para esplender ni deja huella después que se deshace y suele, para propio pesar y para el pesar de sus adoradores, deshacerse al primer soplido.

 

(Publicado en Facebook el domingo 22 de abril de 2012, alrededor de la hora 17,30)

Postal de un domingo a la mañana

Rondarán los 30 años. Ella llegó antes a la mesa y se sentó; él, un momento después, con los cafés, las medialunas y los diarios. Es domingo, hay mucho para leer en cualquier bar de cualquier estación de servicio. "¿Querés una parte?", le ofreció mientras le endulzaba el café y le hacía unos mimos. "Nnn", le respondió una voz escondida detrás de una cara vacía. "¿La revista tampoco?". Ahora ni "Nnn". Él separó las secciones y trató de hojear una, entre apurado y culpable. Ella miraba a la nada con cara de nada. ¿Habrían peleado? ¿tendría ella algo importante para decirle y requería atención? Él dejó el diario sobre una mesa vecina y ella, entonces, se iluminó. En medio minuto dijo algo sobre unos zapatos que había comprado una amiga. Después se quedaron en silencio, mirando dos nadas contrapuestas. El diario gritaba desde la mesa vecina su oferta dominical de múltiple información. A esta altura ninguno le hizo caso.

Si de timbres hablamos, prefiero las voces más graves; si de pensamientos que las provocan, las más agudas.

Paja

La falacia del hombre de paja

Hace mucho (¿25 años? ¿más?) publiqué en "Correo Abierto, un folletín de la Sociedad de Escritores de Junín (SEJ), que había cofundado y presidido, un breve poema (¿poema?) que, si mal no recuerdo, se agotaba en lo siguiente:

Paja
digo paja
y pienso paja
y dejo que tú pienses paja
y ése es el poema

(Adviértase la antigualla en tanto escribía de "tú")
Pues, bien: que bien no cayó.
Y que no era para menos, claro: sin metro, sin rima, sin metáforas ni comparaciones ni sinécdoques ni metonimias; sin usar siquiera alguna palabra amable -digamos 'amor' o 'alma' o 'corazón' o 'cielo'-; sin usar siquiera alguna palabra poética -digamos 'rosa' o 'azul' o 'clepsidra' o, aunque más no fuera, 'reloj que marcas las horas-; sin usar siquiera una palabra musical -digamos 'caireles' o 'caléndula' o 'arpegio'.
No: 'paja' usa, si será jodido. ¿Hay palabra que raspe más qué paja? Y encima andá a saber qué cosas son las que estaba pensando...

El estilo

La primera obligación de un escritor es que el lector entienda lo que el escritor quiere que entienda; la primera obligación de un estilo es que el lector pueda recrear cuanto sea posible a partir de lo que leyó.

Punto de vista, punto de fuga

No me digas quién tiene razón, contame los hechos y dame libertad para discernirlo.

"Cuando el último pájaro se pose..."

Muchos colegas se entusiasman con sentidas y bien escritas predicciones del tipo de:

“Cuando el último pájaro se pose…”

“Cuando el último río se detenga…”

“Cuando la última gota de agua…”

“Cuando el último árbol haya caído…”

“Cuando el último asombro ya no alcance…”

“Cuando…”

Tras lo cual pronostican una actitud pesarosa, culpable, arrepentida de estos ‘asesinos de la vida’ que somos los humanos de hoy. Y esa actitud vendría a ser el merecido escarmiento de los ciegos por voluntad y la justificación final de aquellos esclarecidos profetas y de sus escritos.

Está muy bien. El problema es que cuando todo eso ocurra, no quedará absolutamente nadie para que se apesadumbre, para que se culpe ni para que se arrepienta. Pensar lo contrario sería extremadamente presuntuoso y contradiría esa ‘crítica a los humanos’, que se pretende  ética, sobrestimando su capacidad de supervivencia. Cuando todo eso ocurra, si ocurre, sencillamente habrá concluido todo. Es decir, lo que entusiasma a muchos colegas no es más que un sofisma o una aporía.

 

(Publicado en Facebook el viernes 10 de enero de 2014, a la hora 15,15)

Los espejos

Podrás romper todos los que encuentres a tu alrededor, podrás  enamorarte de las imágenes de todos; pero la culpa nunca será de los espejos.

Instrucciones para ser canonizado

Tome varios nombrecitos fuertes de la poesía y de la música y agregue algún novelista experimental. Busque en Wikipedia uno o dos atributos de cada uno. Esboce un borrador de itinerario posible y diga que compartió con ellos los atributos investigados en un tiempo borgeano y paralelo. Procure que los puntos de encuentro existan de verdad, pero dele a cada encuentro un barniz exótico y legendario. Si no se da mañas para esto, puede recurrir a las epopeyas medievales, a El Eternauta o a viejas historietas de El Tony, Fantasía o D’Artagnan. Matice con tres o cuatro delincuentes de moda y un puñado de íconos del santoral pagano. Desacredite a cualquier tipo que haya sido canonizado antes que usted (sobre todo, durante otras gestiones de gobierno) y muéstrese sensible y vulnerable, pero a la vez heroico e invencible. No olvide mencionar las dosis convenientes de alcohol y otras yerbas que consumió junto a aquellos próceres y que los transportaron a los distintos paraísos; esa mención le dará el aspecto de un maldito tierno y querendón (si no queda del todo satisfecho, adjunte foto). Califique de nazi y de derecha a todo el que no juegue su juego ni piense como usted, en especial a las plagas que escribimos este tipo de instructivos. De su propio nazismo y de sus costumbres burguesas ni se ocupe, porque nadie hará el mínimo esfuerzo por investigarlo. Muéstrese como acérrimo enemigo de todo canon, incluso del que aspira a integrar. Finalmente, demuestre su calidad de revolucionario y anótelo todo escribiendo para el carajo. Por el juicio del pueblo no se preocupe porque el pueblo de estas cosas no se entera nunca. Y si bien ni la católica ni iglesia alguna se lo tomará demasiado en serio, recibirá por Facebook y por Twitter los votos que necesita para integrar el canon de la literatura oficial.

Ver o no ver

Yo no puedo ver con claridad lo que el creyente ve, por eso respeto pero no practico el culto de ninguna religión; lo que puedo ver con claridad es aquello que no ve el creyente, cegado por el encandilamiento; por eso escribo.

Quienes manejan los reflectores

La oscuridad más cerrada no enceguece tanto como el encandilamiento. La oscuridad activa los demás sentidos, permite pensar; el encandilamiento, en cambio, el exceso de luz enfocándonos, nos enceguece sentidos e inteligencia, porque, frente a tanta luz disponible, uno cree que ve. Y queda expuesto en la más absoluta indefensión. La historia y la experiencia demuestran  con generosidad que, mientras los enceguecidos chocan o se desbarrancan, siempre terminan poniéndose de acuerdo quienes manejan los reflectores.

Acerca de la cosmética

Azul Policani

No son los ojos, es la manera de mirar; no lo resuelve el maquillaje.

Tampoco se aprende ni se actúa. Se mira.

Cuestión de gustos

Aunque goce de menos simpatías, prefiero el cerebro al corazón para amar. Me asusta la idea de perderlo todo ante un eventual trasplante.

Casi

Y si uno le sigue pidiendo a la vida, no es por avaricia o por ingratitud; la vida ha sido generosa. Le pide, simplemente, porque ama vivir. Y pedirle a quien se ama es una forma de hacer que lo sepa. También de agradecimiento y de confianza. Un compromiso, casi.

Poética

 

Escribir como si hablaras
quien te lea te debe oír