"Junín es PLURAL" (Selección de artículos) / Números 1 al 5, diciembre de 1997 a febrero de 1998

  • Alberto J. Armando o la inversión a futuro

    Los que mercaron y mercan con la ilusión.
    (Número 1)

  • Las redes y el control del número

    "Otro tanto ocurre con las famosas redes que, infectadas de terminología mercantilista extranjera, , se tejen en cines, en hoteles, en auditorios..."
    (Editorial Número 5)

  • La lección de Epaña

    De los golpes de estado militares a los golpes mediáticos.
    (Número 5)

Alberto J. Armando y la inversión a futuro

Alberto J. Armando con la primera Copa Intercontinental ganada por Boca, 1977

Escribe

Claudio Portiglia

 

                Alberto J. Armando “vendía”, por los ´60, palcos para una cancha a construir en la Ciudad Deportiva de Boca, también a construir, y pasajes reservados para el primer vuelo tripulado a la Luna.

                Eran tiempos  en los que el ahorro y el crédito, pilares inexcusables de cualquier soberanía, se deterioraban con la misma rapidez que la moneda y desembocarían en el cimbronazo monetarista de la Ley 18.188, punto inicial de una sucesión de desatinos y reconversiones que consumieron dos décadas y pico, llevaron al país a la bancarrota, prohijaron una guerra civil malamente disimulada, apostaron al genocidio como principio purificador al más genuino estilo hitleriano, promovieron la plata dulce y sus consecuentes capitostes de la mafia, denigraron Malvinas y lo que el nombre contenía como símbolo de la dignidad y la esperanza de los argentinos y culminaron con la huida del gobierno del presidente Alfonsín, quien pudo pactar con los maltrechos cuarteles el sostenimiento de la incipiente democracia, pero no pudo evitar la descomposición de todos los tejidos sociales cuyo dato emblemático fueron los saqueos de 1989, fracasos del Austral y del Primavera mediantes.

                Este apretadísimo racconto, que para muchos contendrá elementales principios de injusticia, toda vez que involucra la respetabilidad de un demócrata como Alfonsín junto a criminales de lesa humanidad, viene al caso para el tratamiento de un fenómeno que ya nos hizo demasiado daño. El de la vida como ilusión.

                Con la ilusión, y no con otra cosa, mercaba Alberto J. Armando, aquel mítico inventor de “la mitad más uno”. Con la ilusión mercaron Onganía y su cerebro económico, Adalbert Kriegger Vasena, cuando motivaron el célebre estribillo del chamamé que cantaba “Coco” Díaz: “Póngale dos cero´al peso nuevo / córrale la coma al peso viejo”. Con la ilusión mercó Lanusse y mercaron los Montoneros, que devolvieron a un Perón agonizante y maniatado que les permitiera asegurar sus negocios y salvar la ropa. Con la ilusión mercaron los “divinos” que nunca faltan, como José López Rega, que se arrogaron el derecho de limpiar, conforme a sus delirios maniqueos, los males que el demonio arrojara sobre la nación bajo el ropaje de subversivos terroristas. Con la ilusión mercó Martínez de Hoz. Todos recordamos, todavía, la silla “mala” que se rompía porque su calidad defectuosa provenía de la economía vieja y la silla “buena” y confortable que nos auguraba un futuro feliz y que nos mostraban la televisión y los noticieros del cine junto al eslogan macabro de “La Argentina trabaja y avanza”. Con la ilusión mercaron quienes tapialaban las villas miseria, porque se nos venía el Mundial encima y había que demostrarle a los visitantes del mundo que “los argentinos somos derechos y humanos”. Con la ilusión mercó Galtieri y su discurso de balcón. Y mercaron los medios que le siguieron el juego. Y mercaron más de cuatro comerciantes por aquello de que “a río revuelto...”

                Llegó 1983 y, con la democracia, la ilusión quiso mercarse a sí misma. Se ofreció, candorosa y sensual, como una promesa confiable y como una oportunidad de las que no se repiten.

                Y compramos de nuevo. No ya abonos para la Luna ni palcos en el aire. Compramos ejemplares de la Constitución que hicimos deglutir a nuestros hijos mezclados con la leche, porque con ella se comía como materialización insoslayable de nuestra bien ganada democracia. Y untamos nuestra úlceras, porque con ella también se curaba. Y educamos y nos dejamos educar en la letra muerta de declaraciones, derechos, garantías y particiones de poder que nunca nos ofrecieron concretar y que tampoco supimos ejercer. Porque compramos ilusión, y no esperanza.

                Compramos terrenos en Viedma o en las rutas convergentes. Compramos la fascinación de un tercer movimiento histórico. Compramos resentimiento disfrazado de justicia. Compramos bonos de capitalización. Y compramos adornos para engalanar una casa que estaba en orden.

                Cuando se disolvieron las primeras burbujas fuimos más realistas. Con los sueldos y las jubilaciones fresquitas vaciamos las góndolas de los supermercados para evitar que la inflación se devorara nuestros sueños. Compramos plazos fijos y mesas de dinero. Compramos destape. Compramos excesos. Y compramos la arrogancia de creernos que ésa era la libertad, que nosotros la habíamos conseguido y que, ahora sí, duraría para siempre. Por algún extraño efecto de regeneración constante, supusimos. O por ilusos, no más.

                Se fue Alfonsín, llegó Menem, murió Roig, fracasaron Rappanelli y Erman González, desembarcó Cavallo. Llegaron los ajustes, llegó la convertibilidad. Se redujo el Estado, ingresaron capitales; una porción mayúscula de nuestros servicios se privatizó; unos cuantos de nuestros sueños se codificaron. Volvimos a comprar; con más ilusión que nunca. Es que los “shoppings” son más atractivos que las peatonales, los “híper” más atractivos que los supermercados. Es que ahora funcionan los teléfonos. Y van con nosotros a todas partes. Y son tan útiles los teléfonos para comprar...

                Compramos aseguradoras de riesgo. Compramos jubilaciones privadas. Compramos departamentos de tiempo compartido. Compramos vacaciones de película.

                Es lindo, realmente, vivir en el primer mundo. Uno se siente bien, se siente protegido y, a la vez, importante. No hay tiempo para pensar en cosas raras, porque andamos ocupados todo el día. Andamos en autos nuevos. ¿A quién se le ocurriría tener un modelo de más de tres años con los planes que hay por todas partes y con las complicaciones que acarrean la verificación y el reempadronamiento vehicular?

                Y ya no importa demasiado que Cavallo  no esté o que Roque Fernández sea apenas una copia defectuosa. O que el propio Menem se desinfle. Estamos bien; estamos consolidados. No hay razones para cambiar el rumbo. En todo caso, un retoque de maquillaje, algo pasado de moda, no nos vendría nada mal. Teniéndolos a Piazza o a Giordano no nos costaría demasiado. Y cómo ayuda rejuvenecernos.

                A propósito, qué fuerza que tiene Fernández Meijide, ¿no?  Y ya no la afean tanto las ojeras que tenía. Hace poco me impresionó un De la Rúa elegante y cortés jugándose a fondo en su rol ejecutivo por el control de la policía y la seguridad de Buenos Aires. El que me gusta es Álvarez, que no es ningún loquito. Sabe que hace falta un cambio de hombres y un cambio de procedimientos, pero no va a echar por la borda lo que conseguimos en todos estos años de sacrificio. Y en Estados Unidos ha caído bien; ya tiene unas cuantas fichas colocadas en su casillero por los que manejan el dinero grande. ¿Será cierto que si a Yabrán no se le prueba nada en el asunto de Cabezas se va a tirar con todo para el ´99?

                Mientras leía los diarios, uno de estos días, me alegraron dos noticias. Con la pequeña suba que tuvieron las tarifas de transporte y los peajes tendremos asegurados servicios de primera. En poco tiempo más viajaremos a cualquier lado como viajan en Europa. Ya era hora que se hiciera algo serio por la seguridad y el bienestar en las rutas. Por otro lado, la Bolsa de Comercio está por lanzar unos papeles de Inversión a Futuro. Y con el apoyo cierto de la banca internacional. Costó, ¿no? Pero hoy, por fin, los inversores nos tienen en cuenta.

                Es una muy buena oportunidad, ésta que nos toca vivir, para seguir comprando aire.

 

(Número Presentanción / Diciembre, 1997)

El fútbol careta

El "inflador" del Piojo López

Efectos de la sociedad mediática: 

de nuestra redacción.

 

                “Yo tenía preparado un festejo, pero fue tanta la emoción que me olvidé de todo y sólo se me ocurrió gritarlo”.

                Con la contundencia que da la espontaneidad, explicaba Martín Palermo su actitud tras el gol a River, “su” gol, aquél que le diera el triunfo a Boca en el último minuto y que a la postre constituiría, acaso, la única alegría de los xeneizes en el último Apertura.

                La confesión, anecdótica, no debería sin embargo quedar inadvertida. Desde que fútbol y televisión pasaron a ser piezas de una misma maquinaria cuya razón, única y todopoderosa, es la generación de dinero, las emociones y los sentimientos quedaron anulados.

                Y las celebraciones son partes del show. No se festeja, se actúa. Porque la cámara cómplice les vende, a estos jugadores jóvenes de fama efímera, sus gotitas de protagonismo como si fueran las llaves del reino.

                Es trascendente lo que dijo Palermo. En la semana no interesa tanto ensayar la jugada, la estrategia; no se busca alimentar el talento; no se predispone la repentización, tan importante para la belleza del juego. No. En la semana se recorta el cabello, se tiñen los mechones, se cambian los aritos, se aumentan los tatuajes, se elige el color de las calzas o de los zapatos. Y se ensayan los pasos del ritual. Es que la cámara espera en todos los estadios y a la cámara no se la defrauda.

                El juego debe ser jugado. Pero no el de la pelota, el de la actuación. Por eso hay que dosificar las emociones, tan traicioneras ellas. Por eso hay que contener los sentimientos, tan “out”.

                Así nacen las puestas en escena, que se cumplen religiosamente en esta nueva liturgia del fútbol mediático. Y se patentan las formas, que en adelante serán “marcas registradas” en el mercado que las impulsa. El avioncito de Rambert, el inflador del “Piojo” López, la colita del “Turco” García, la bandera flameando de Latorre, con el banderín del córner como apoyo, el trencito, la peregrinación, el samba, la lustrada, la procesión, el índice.

                Pero esto no es lo grave. En definitiva cada jugador defiende su negocio. Lo grave es que esta mediatización  de las emociones, -esta ficción-, hace docencia, crea escuela y expande, con una fuerza y una velocidad imposibles de controlar, la cultura de la tilinguería.

                Enoja ver a los chicos, en clubes y en alguno de los casi extinguidos campitos, disfrazados de jugadores. Jugando a que juegan. Parodiando, al amparo de una cada vez menos creíble inocencia, a estos ídolos de barro que se derrumban con la misma prontitud con la que fueron elevados al Parnaso de la imbecilidad.

                Poco, nada, ha quedado de la hábil picardía que se cultivaba en los picados de antaño y que cimentó la distinción de ese fútbol rioplatense que paseamos con legítimo orgullo por el mundo entero. Nuestros pibes son ahora jugadores virtuales, que a falta de la capacidad que se adquiere pisando la pelota, quebrando la cintura, tirando el caño, inventando una pared, remedan el arquetipo del payaso triste, que se dibuja la sonrisa grandota y se pinta los ojos de colores brillantes para disimular la pena que lo aqueja.

                Ni la indumentaria de última generación, que arrastra inevitablemente los magros sueldos de sus padres, ni los pasitos amanerados que se ensayan con prolijo cuidado, acaban por convencerlos. Sienten en carne propia, aunque no sepan cómo referirlo, que ninguna representación compensa la alegría de llenarse la boca con una “o” redonda y prolongada cada vez que se mete la pelota en el arco contrario.  Porque los vienen disciplinando desde chiquitos en esto de la figuración, practican sin tener conciencia esta versión insulsa del fútbol careta y están triste. Inevitablemente. O se ponen violentos, como forma casi natural de regalarse una cuota de mínima rebeldía.

                Una vez, en las salas del Museo Municipal de Arte, entró una pobre mujer con dos o tres chiquitos de ojos asombrados que seguramente la habrían tironeado hasta allí a fuerza de insistencia y de curiosidad. “-Allí tienen cultura, a ver si se divierten ahora”, fue la arenga triunfalista de la señora convencida de la pérdida de tiempo. Y el imperativo exhortando a la diversión por la fuerza retumbó contra las paredes como un cachetazo.

                Ese mismo parecería el mensaje que emiten hoy nuestros futbolistas, seguros de la idolatría que suponen y personeros de un poder que los usa. “Yo soy el ídolo, yo invento y registro la forma de festejar. Las cámaras serviles me siguen y me proyectan. Ustedes miren y festejen como yo”.

                Y así vemos a los chicos de todas las edades, joystik en mano y ojitos enrojecidos, transfiriéndoles sus sueños a los monigotes de la pantalla, que tiran la chilena que ellos jamás harían, deslumbran con la rabona y enloquecen a las pulposas porristas, mientras una voz metálica les relata sus hazañas y los convence de que son capaces de ganar un mundial por día, no ya transpirando las frentes, los torsos y las camisetas, sino apenas las palmas de sus manitos nerviosas.

(Número 1)

Obediencia debida y la estafa de la educación

Educación dirigida

Escribe

Claudio Portiglia

 

 

                Yo no respiro bien. Y no sólo por mi condición de alérgico congénito. Un día, un padre de alumno de apellido Aguilera me partió el tabique de un trompazo porque su hijo se había llevado una materia a diciembre otra vez conmigo. Desde entonces tengo un fuerte desvío, además del mental que pergeñó la perversión de mandar a un alumno a examen. Esto ocurrió por 1989, en una escuela privada que no es de Junín, con un protagonista que sí es de Junín y, salvo la exposición de rigor en la dependencia policial del pueblo, nadie se enteró del asunto; aunque ya se venían percibiendo casos como los que después cobraron notoriedad en todo el país y de los que Junín tuvo el privilegio de generar uno, como aquel sonado de la profesora Iorio y el alumno Márquez. A mí se me recomendó no difundirlo por el bien de la comunidad educativa, sin consultárseme siquiera  si estaba dispuesto a hacerlo; y se me conformó con un discreto pedido de disculpas de parte de la esposa del agresor y a puertas cerradas. El alumno rindió su examen; yo me pagué el par de anteojos que debí reponer, porque el que llevaba puesto al momento de la piña no había quedado en estado decente; y, una vez más, aquí no ha pasado nada.

                También por esto es que no respiro bien.

                No es tarea sencilla respirar en un ambiente contaminado por todas partes, en el que a los casos conocidos y gruesos, se le suman por millares estos otros pequeños casos, tan corruptos y repudiables como aquéllos, al punto de que los separa únicamente el grado y la oportunidad.

                Pero sirva lo anecdótico como soporte de lo importante.  Como lo sigo haciendo, por entonces les decía a mis alumnos, tanto en el nivel medio como en el superior, que la educación obligatoria que reciben constituye una auténtica estafa. Y suena duro esto de estafa; suena feo. Pero vergonzante y dramáticamente lo es. Un sistema que obliga a un individuo a permanecer diez años (hasta ahora eran siete, pero eso no cambia las cosas) sujeto a una enseñanza que no le permite resolver sus problemas mínimos, no puede etiquetarse de manera diferente. Y si a ello le agregamos la imprescindibilidad (en vías de obligación) del viejo secundario, ahora polimodal, para escapar al calificativo de analfabetos estructurales, la estafa se potencia, toda vez que roba nada menos que trece años irrecuperables. Esos trece años comprenden más de la mitad de la infancia y casi toda la adolescencia, período óptimo para internar los conocimientos básicos, adquirir las habilidades operativas mínimas y desarrollar las conductas sociales indispensables.

                Ni una cosa ni la otra ni la otra consigue la educación argentina.

                Y ésta no es una cuestión que competa únicamente a las autoridades, cuya ineficacia no viene al caso porque de tan recurrente ya se ha vuelto ridícula. Esto le compete a maestros y profesores, a mí incluido, cuyo parque disponible no es apto para dictar clases en una proporción cercana a la totalidad. Esto le compete a los padres, a mí incluido, que confunden escuela con guarderías y mienten -se mienten- y dejan mentir con las calificaciones absurdas que traen sus hijos en las libretas, aptas para lavar conciencias conformistas o endulzar espíritus orgullosos, pero inútiles a la hora de justificar las promociones. Esto le compete a la sociedad que integro, formada en el residuo de una cultura dirigista, mediocre y autoritaria, que esgrime las notas y disimula las incapacidades como aquella mucama que esconde la tierra debajo de la alfombra. Esto le compete a los pedagogos, incluido el que llevamos adentro, que presos de un miedo pánico a las críticas y a las presiones, prefieren descansar sobre el mullido colchón de la demagogia antes que embarrarse hasta el cuello en busca de soluciones reales; que existen y que conocen, pero que no convienen. Esto compete a los medios de comunicación, incluidos los que consumimos, cuyos holdings empresarios lucran con la controversia y la confusión que generan publicitando dislates tales como los de una carpa oprobiosa, alentada por dirigentes oprobiosos, independientemente de las buenas intenciones de muchos y de la justicia de unos cuantos reclamos. Entre otras culpas, esos medios callan que para exigir se debe responder. Porque el que paga termina siendo el pueblo; y no creo que a nadie le guste pagar alegremente trece años de falsa preparación a casi un tercio de la población del país. Allí, fundamentalmente, radica la estafa. Y por último, esto compete a los mismos alumnos, que llevados por la loca tentación de zafar con poco, son el campo de cultivo ideal para esta situación ignominiosa y acaban siendo víctimas primero y victimarios después.

                Aunque lacerantes e incómodos, sé que estos argumentos no son falsos. Alcanza para probarlo con ver los resultados obtenidos y el desarrollo del proceso que los produce. Ningún alumno normal, salvo las excepciones mínimas que confirman la regla, está en condiciones suficientes de abordar estudios superiores al cabo de los trece años de formación obligatoria. Por eso se recurre al ingreso irrestricto, que prenuncia un egreso semejante, y se lo disimula con el rótulo de ejercicio democrático en el colmo de la desfachatez. Ningún alumno normal, salvo las mismas excepciones, está en condiciones reales de aspirar a un trabajo al cabo del mismo término. Algunos -cada vez menos- lo consiguen, pero no lo merecen. Repárese si no en vendedores, empleados públicos, cajeros de supermercados, agentes y auxiliares en general que se incorporan al mercado laboral. ¿Saben lo que hacen o lo que tienen que hacer?  Ante esto -y aunque duela- la máquina no perdona: Es más barata, trabaja mejor y no causa problemas.

                Una vez, con pocos años de docente y unos cuantos menos de vida que ahora,  les pedí a las alumnas de un curso de Magisterio que rompieran los lineamientos curriculares que por entonces las distraía, con estructuras huecas y exigencias y formulismos absurdos, ante la mirada incrédula de la directora y la fobia manifiesta de la inspectora de turno que presenciaban la clase. El temor y el desconcierto había ganado sus cabezas con la misma intensidad con que la razón les abría un camino diferente y les mostraba otras posibilidades y les proponía otras soluciones y les respetaba su determinación. Hoy volvería a hacer lo mismo toda vez que fuera necesario. Porque la obediencia debida no es una cuestión que afecte solamente a los cuarteles. Hay muchos parásitos que se amparan en la virtud de la obediencia para enquistarse y corromper el tejido de la sociedad. Sin ir más lejos, el año pasado vino a nuestra escuela de periodismo un supervisor pedagógico dispuesto a convencerme de cuáles eran las competencias para el dictado  de las materias  de un plan de estudios que, bien o mal hecho, soy uno de los cinco redactores, lleva el número de Resolución 11292/97 de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia y por el que, como se sabe, no cobré un solo peso ni aspiro a tener la mínima subvención.

                Así se consuman las estafas sociales; en todos los rubros y en todas las épocas. Y así las permitimos por virtud de obediencia; aun cuando sepamos en nuestros fueros íntimos que no es otra cosa que el defecto de la cobardía.

 

(Número 4)

Las redes y el control del número

Miyasi S.A. ¿Qué pasó en Los Toldos?

Editorial

 

Entre los mitos que los pueblos construyen desde siempre, el del justiciero al estilo Robin Hood, mezcla de ladrón y mesías, ha ganado adeptos en toda la extensión del planeta; y también entre nosotros, con ejemplos vernáculos como los de El Pibe Cabeza o Mate Cosido, que mientras eran afanosamente buscados por la autoridad y defenestrados por los sectores cultos, ganaban espacio en la prensa y la simpatía de pueblos enteros sobre la base de la dádiva, la protección y el magnetismo de sus personalidades.

La reacción espontánea del pueblo de Los Toldos, que al grito de “Miyasi no se va, Miyasi no se va”  respondió al allanamiento ordenado por el fiscal Varas, renueva aquella sensación.  Y sin que esto signifique un prejuicio, se encadenan situaciones y señales que repiten circunstancias ya vividas y que encienden el alerta.

Como en los viejos mitos, una carga informativa colateral alimenta el misterio y agranda la devoción.

Desde la hipótesis de que en la obra en construcción de la esquina de Alem y Necochea, en Los Toldos, se depositan cilindros de plomo con residuos nucleares por cuya tenencia se pagaría una fortísima suma de dólares, hasta la de que todo es trabajo de una secta, que sería la misma que fundó López Rega y que por eso se eligió a Los Toldos como ciudad natal de Eva Perón, todo se dijo en torno a Miyasi Internacional S.A., Incluido el vínculo con el narcotráfico o el lavado de dinero.

Todo es posible; pero nada ofrece demasiado margen para la credibilidad.

Lo que sí nos permite, mientras la justicia investiga, el asunto se resuelve y el pueblo se admira y a veces se complace, es asociar el tema con ciertas formas de la vida moderna que no acaban de cerrar.

No se sabe, por ejemplo, de qué vive mucha gente. En nuestra ciudad y en todas las ciudades. Familias enteras, por lo general jóvenes, cuyo trabajo formal consiste en la venta de ropas o en algún corretaje menor, que disponen de dos o más autos, siempre de modelos renovados y de línea lujosa; de varias motos; de sofisticados equipos de música; de reiterados festejos domiciliarios donde la gastronomía exalta su distinción, no constituyen ejemplos aislados y sí se nos antojan extraños en tiempos de ajuste de cinturones, de persecuciones impositivas y de creciente desempleo.

Otro tanto ocurre con las famosas redes que, infectadas de terminología mercantilista extranjera, se tejen en cines, en hoteles, en auditorios, en instituciones sociales de la más variada naturaleza y que echan a la calle a un ejército  de vendedores cuyo objetivo es captar a nuevos vendedores para construir nuevas redes, cada una de ellas con sus respectivas pirámides jerárquicas, pero cuyos productos a la venta nunca se conocen con claridad, ni mucho menos sus dueños o aunque más no sea sus responsables.

Creemos que hay mucha tela para cortar en estas cuestiones y que el tema no debe pasar inadvertido. Creemos también que el control del número humano, no importa por qué medio ni bajo que justas razones, ha sido desde siempre un negocio apetecible para los minúsculos centros que manejan los hilos del gran poder.

Lamentamos, por lo mismo, que muchas veces los pueblos, en su legítimo afán por escapar de la pobreza, terminen alimentando organizaciones mafiosas y encaminándose, voluntariamente, hacia la miseria que no admite retorno.

 

(Número 5)

La lección de España

Felipe González

De los golpes de Estado militares a los golpes mediáticos

 

Escribe

Claudio Portiglia

 

 

                El planteo del dilema

 

                1. La libertad del pueblo para elegir a quienes considere necesarios y la de cada uno de sus ciudadanos a postularse para ser elegidos, es una condición inexcusable  de la república democrática.

                2. La Constitución Nacional y sus efectos prácticos regulados por las leyes, declaran aquel derecho, lo garantizan en su cumplimiento y establecen la competencia y la periodicidad de los poderes públicos. Sin una constitución, aquellas libertades quedarían en el mero terreno de las formulaciones, ya que nada garantizaría el no avasallamiento de una libertad por otra; pero, al mismo tiempo, una constitución limita aquellas libertades con el superior propósito de establecer un marco jurídico y político sin el cual la convivencia democrática y republicana no sería viable. Por eso desde el Preámbulo, nuestra constitución “ordena”, “decreta” y “establece”, tres verbos cuya carga semántica se opone al significado y al ejercicio amplios de la libertad.

                3. Entre la necesidad de elegir y ser elegidos de los ciudadanos y el marco de limitaciones que establece la Constitución, no siempre es de esperarse una plena compatibilidad.

                Aquí nace un dilema. Por un lado, un marco jurídico-político no puede ser cambiado a cada rato, porque si no perdería su objeto y su objetivo. Por otro lado, los pueblos evolucionan, cada día más rápidamente, y convierten en obsoletos y caducos los instrumentos que esos mismos pueblos se fueron dando para su convivencia organizada.

                La pregunta surge, entonces, de manera inevitable: ¿En qué momento caduca un instrumento jurídico?  Su caducidad, ¿es contemporánea para todos los sectores de la vida política de una nación?  ¿Qué pasa cuando un instrumento jurídico vigente entra en obsolescencia? ¿obliga? ¿deja de obligar?  Y en el centro del dilema, ¿qué interés es superior: el de la libre voluntad del pueblo o el del marco jurídico-político que regula su convivencia?

                Como ocurre con todo dilema, no aparece éste como sencillo de resolver. Una constitución, un código de procedimientos, un reglamento, un estatuto no pueden ser cambiados ni modificados todos los días, ni todos los años. Pero todos los días, en la evolución de los pueblos, aparecen necesidades diferentes que ponen en jaque la vigencia del marco institucional. En el colmo de la complejidad, los perjudicados por la obsolescencia de los instrumentos no son siempre los unos ni los beneficiados. son siempre los otros. Si así fuera no sería tan grave: bastaría con activar el ejercicio democrático para que resuelva la voluntad mayoritaria del pueblo. El dilema es que el perjudicado de hoy fue el beneficiado de ayer y puede serlo también de mañana, y viceversa.

 

 

                La necesidad de elegir

 

                Lo planteado nos sirve como apoyo para entender algunas oportunidades.

                Hacia 1994 Menem y el menemismo querían la reelección presidencial. La constitución vigente decía no. La oposición más visible decía no, amparándose en la constitución vigente. El pueblo decía ni, como suele ocurrir en estos casos. Se forzó un plebiscito, pacto y componendas mediantes por los cuales una buena porción de la oposición visible se pasó del no al sí, y el pueblo votó por la Reforma. Tras ella volvió el marco jurídico; con el marco, el orden; y con el orden, los límites.

                Esos mismos límites del orden de este nuevo marco, le dicen hoy a Menem otra vez que no. Menem y el menemismo dicen otra vez que sí; la oposición visible, aumentada estos días por antiguos sectores oficialistas, dicen otra vez que no; y el pueblo ¿qué dice el pueblo?  Los primeros dicen que hay que consultarlo otra vez, porque la misma reforma constitucional lo autoriza, por aquello de la vertiginosa evolución de la historia y también por aquello de las necesidades y los intereses superiores. Los segundos, aumentados y corregidos como tomos de una buena enciclopedia, dicen que no se debe consultarlo porque no hay necesidad, porque la reforma es clara y el impedimento para una nueva reelección, preciso.

                ¿Pero cómo saber hacia donde se inclina el pueblo?  Si se tuvo confianza en la decisión popular en el ´94, ¿por qué no tenerla en el ´98?  Puede colegirse que si la necesidad y los intereses no lo justifican, el pueblo sabrá votar por el cumplimiento de las normas constitucionales vigentes.  ¿Y si el pueblo votara por una nueva reforma, o por una  excepción conforme la necesidad?  Volveríamos, entonces, al dilema del comienzo: ¿Cuál interés es superior: el de la libre voluntad del pueblo o el del marco jurídico-político sin el cual su convivencia no estaría garantizada?

 

 

                Algunas curiosidades

 

                Lo curioso, en este juego dilemático de intereses y contra-intereses; de fuerzas y contra-fuerzas, no es tanto que cada uno aporte agua para su molino, sino la desprolijidad de los argumentos que se emplean para tal fin.

                Menem y el menemismo argumentan en favor de la continuidad de un modelo exitoso que sólo su creador podría garantizar, aun a costa de la fragilidad de un marco jurídico-político  que sería en adelante cada vez menos creíble. Apelan para ello a la memoria, con el propósito de refrescar los descalabros de administraciones anteriores, y esgrimen el superior interés del pueblo y la necesidad de la nación.

                La oposición visible, encolumnada detrás de la Alianza, retruca que está en condiciones de garantizar lo bueno del modelo (es decir, la estabilidad económica), de mejorarlo inclusive; de erradicar lo malo y reemplazarlo por una administración transparente y un estado de derecho que no alimente la impunidad; y se justifica razonando que la perpetuación en el poder debilita la república democrática, aproximándola peligrosamente al unicato y al totalitarismo. 

                Lo que no contempla este razonamiento, es que la práctica de algunos de sus principales mentores contradice su justificación. Alfonsín buscó su perpetuación como líder de un mega proyecto de tercer movimiento histórico, con traslado de capital inclusive, que si fracasó no fue precisamente por su voluntad de alternancia; gobernadores radicales como Angeloz, Maestro o Massacessi  pensaron y/o actuaron en dirección convergente y numerosos intendentes, Abel Miguel incluido y por encima de todos, hicieron otro tanto.

                Y no es válida la argucia de que la Constitución Nacional obliga la no perpetuación mientras que para algunas constituciones provinciales y numerosos estatutos municipales el asunto es indiferente. Si la perpetuación en el poder es mala, porque debilita, relaja y termina corrompiendo; es mala para todos los niveles y en todas las oportunidades. Y si no, no lo es por naturaleza. Podría ser buena en algunos casos y mala en otros casos y sería, en definitiva, el pueblo afectado por esas perpetuaciones quien debería decidir momento y ocasión de los cambios o las continuidades.

 

 

                De los golpes militares a los golpes mediáticos

 

                Pero no siempre los que se sirven del pueblo bajo pretexto de servirlo, se acuerdan del pueblo y acuden a él para consultarlo a la hora de afectar sus intereses. Por lo común, la actitud es la contraria.

                Tenemos una larga e infeliz historia de opositores empinados que a la hora de exponer sus bondades no esperaron la aprobación de las urnas y optaron por el atajo de golpear a la puerta de los cuarteles.  No es necesario extendernos en esto porque mucho se ha hablado ya, y más de un mea culpa se deslizó por ahí, con ánimo de blanqueo oportunista antes que de contrición y arrepentimiento absolutorios.

                Es bueno, sin embargo, recordar que el ´55, el ´62, el ´66 y el ´76 son referentes aleccionadores de la historia más próxima y habría que ahondar en los levantamientos carapintadas de Rico y de Seineldín, ahora distanciados, para saber si no fueron alentados por los mismos vientos de la impaciencia política.

                En muchos de estos casos, si no en todos, sectores importantes de la prensa jugaron su papel en favor de la solución rápida antes que de la solución justa.

                En los tiempos que corren y en las distintas instancias del poder, se juegan fichas que remiten, en color y en valor, a las viejas apuestas de los políticos trasnochados. Y vuelven los sectores recurrentes de la prensa malsana a alinearse y a tomar posición, ahora potenciados por el agregado de poder que el desarrollo tecnológico les ha conferido en esta sociedad mediatizada.

                Y como este tipo de procedimientos no es patrimonio exclusivo de los argentinos, bueno sería que este pueblo tan vapuleado y tan mentido tomara en cuenta la noticia que sacudió el ambiente político español, durante el último fin de semana, cuando Luis María Ansón, ex director del influyente  ABC de Madrid, admitió que en 1996 hubo un complot de su diario junto con Diario 16, El Independiente  y El Mundo  y varias emisoras de radio, para generar una “operación de acoso y derribo” del gobierno de Felipe González, por entonces presidente de aquel país desde 1982.  La estrategia consistió en “crear escándalos e inventar denuncias sobre corrupción” que afectaran la imagen de González, y la táctica, en machacar con la información, revistiéndola de aparente independencia de criterios y ocultándola bajo la falsedad de orígenes y procedencias diferentes que convergían en una necesidad y reclamaban una actitud común: la de acabar con un gobierno corrupto.

                Posiblemente tengan los españoles la madurez suficiente como para revelar un caso de esta gravedad a menos de dos años de ocurrido y mientras gobierna la fracción política que se benefició con aquel complot. Posiblemente en nuestro país sería impensable una revelación parecida  sin que tambalearan los cimientos de la democracia y de la república misma. Pero esa carencia de posibilidad de revelación, no implica necesariamente carencia de posibilidad fáctica de una metodología coincidente.

                Como antes fue negocio para algunos golpear a la puerta de los cuarteles, hoy no es menos negocio para otros  -cuando no para los mismos-, golpear a la puerta de los medios.  Del golpe de estado militar al golpe de estado mediático, no hay más tránsito que el de la adecuación de los recursos a la realidad de los tiempos.

 

(Número 5)

"Junín es PLURAL" (Selección de artículos) / Números 6 al 10; 27 de febrero al 2 de abril de 1998

  • El exorcista

    "Qué Rico que está el PJ" y "La necesidad de reclamar"
    (Número 6)

  • Sentido de la responsabilidad

    Responsabilidades compartidas: la nación, la ciudad, la zona
    (Número 9)

  • Ser plural

    Conductas sociales: "Entre el vértigo y la desmemoria"
    (Número 10)

Daniel Lalín: El exorcista

Contratapa original

De nuestra redacción

 

 

                Tipo curioso este Daniel Lalín.

                Dicen que fue montonero, lo que permitiría suponerlo integrante de alguna de estas tres categorías de personas: o el idealista romántico, dispuesto a cambiar el mundo con la fuerza de la revolución; o el subversivo terrorista, de cuyo nombre no quiero acordarme; o el imberbe y estúpido que desairara Perón y que pudiera provenir del algún hogarcito acomodado, aburridísimo de tanto pasarla bomba, o de alguna asociación de beneficencia o de alguna logia fundamentalista.

                Salvo para los íntimos, para quienes parece que lo fue desde antes, empezó a ser popularmente conocido por su actividad empresarial vinculada con la compra-venta de jugadores de fútbol, esa casta de elegidos de la sociedad contemporánea para quienes, sin embargo, las reformas sociales de la Asamblea del año XIII no parecen entradas en vigencia.

                Su acercamiento con el mundo del fútbol le permitió ilusionar primero y arremeter después con la posibilidad de alcanzar la presidencia de Racing, un club al que “viene bancando” desde hace tiempo, según sus propias declaraciones, y que necesita de algún triunfo en algo en una proporción equivalente a la que la fotosíntesis necesita de la luz.

                Mientras este proceso se resolvía, Daniel Lalín se confesó un duhaldista militante a quien, sin embargo, el cachetazo electoral de octubre no le movió ni un solo pelo.

                Festejó su acceso a la presidencia racinguista en musculosa y con rock, del pesado y a todo volumen, cuando su apariencia para un desprevenido sugeriría un buen traje y la obertura de Tchaikowsky.

                Y ya encaramado en un lugar expectante para la obtención de la Cinta Azul de la Popularidad, pegó sus dos últimos batacazos, que no serán los últimos por favor de la paradoja: Compró el paquete accionario de La Maga y montó para su público el Gran Festival del Exorcismo.

                A la revista cultural argentina más importante de la década, que le sacó del buche nada menos que a                      y a La Nación, le está “buscando el perfil” para su re-lanzamiento; perfil que, conforme nos anuncia, habrá de privilegiar a la cultura, al rock y al deporte, místicos vértices de la trinidad lalinista.   Y ajustados siempre al curso de sus propias declaraciones, el trabajo personal que realiza en favor de la candidatura a la presidencia del gobernador Duhalde, no significará que La Maga se convierta en una publicación duhaldista, porque “hasta el Frepaso” podrá tener su lugar en la revista que ahora comanda.

                Empero, la perlita mediática la puso con el Festival del Exorcismo. Una multitudinaria misa en el altar pagano de la idolatría, la superstición y el fetichismo futbolísticos, con penitentes encapuchados en santa peregrinación y ritos de desdemonización que vincularon en un abrazo fraterno a los sacerdotes implacables de la barra brava con los sacramentos de la religión.  Con la celebración de esta liturgia, según la noticia del apóstol Lalín, Racing pondrá fin a más de treinta años de penurias deportivas y sociales, causadas no por la impericia y la corrupción de la dirigencia, sino por los demonios que se instalaron impiadosos.

                Al poco rato, no más, de la parodia, Colón se encargó de descubrir la mitad oculta de esta historia real. Sin embargo, una vez más y descaradamente, se había jugado con la fe, con la pasión, con la esperanza de los hombres.

                Y en medio de tanto disloque, palabra que resultaba difícil encontrar inocentes.

 

(Número 5)

Qué Rico que está el PJ

Aldo Rico: pasó por todas las gestiones peronistas

Editorial

 

                Una noticia, que no es menor, ganó cierto espacio periodístico más por un malentendido de fechas que por la relevancia del hecho en sí. Se trata del pase de Aldo Rico, con su estructura del Modin (?) A las filas del Partido Justicialista.

                Poco interesaría el asunto, por estas épocas de pases estelares que tan bien representan futbolistas, basquetbolistas y automovilistas de todo el mundo y que los políticos parecen querer imitar (recuérdese los casos de Caputo y Bordón entre los más impactantes). Menos aún interesaría cuando hay temas mucho más importantes, como la inexplicable desaparición de una chiquita en Río Cuarto, la incompetencia de un grupo de médicos que abandona en la morgue a un recién nacido, dándolo por muerto hasta que se muere efectivamente, o la ratificación de las dudas que siembra en la comunidad la proliferación de  agencias de seguridad privada, tras el crimen de las mochileras.

                Pero éste no es un pase más.  El PJ, cuyos  orígenes no inspirarían precisamente un manual de la democracia, recibe en sus filas a quien puso dos veces en jaque al gobierno del presidente Alfonsín en un momento particularmente crítico de nuestra recuperación institucional.  El levantamiento carapintada de Semana Santa, disfrazado bajo el engañoso y rimbombante nombre de Operativo dignidad, y su sucedáneo, además de hacer trastabillar la república entonces incipiente, condicionaron para el resto de su mandato la gestión de Alfonsín y obligaron dos leyes que repudia la mayoría de los argentinos, incluidos vastos sectores justicialistas, como las de Obediencia debida y de Punto final.

                Rico no sólo no se arrepintió públicamente de su accionar sedicioso, sino que devenido político insistió en justificarlo, arrogándose la condición de líder de un Movimiento de Dignidad Nacional, como bautizó el engendro que vistió de partido. Dignidad que dudosamente conozca, ya que tanto él como sus socios en inteligencia -Bussi, Seineldín-, confunden reiteradamente  dignidad con mesianismo y creen en la imposición de los actos antes que en el debate que fortalezca la convivencia.

                Ellos se sirvieron de las Fuerzas cuando las Fuerzas, que vale recordar son de la nación y no de los agentes que circunstancialmente las ocupan, les aseguraban protección y desarrollo para su modelo autoritario. Y perdido el predicamento de las Fuerzas por el descrédito que ellos mismos generaron, procuran servirse ahora de la política, a la que jamás entendieron y a la que lejos de dignificar acabarán por corroer de manera irreversible.

                Hace poco, desde la celda, Seineldín embistió con dureza contra Menem por entender que lo había traicionado; índice de que más allá de las razones que asistan su despecho, buscó el refugio tentador de la política una vez que fracasó en el intento repudiable de las armas.  Por estos días, Bussi miente y llora en Tucumán; y lejos de buscar en las lágrimas una fuente de posible redención social, se justifica diciendo que llora porque es hombre, en una bravuconada propia de cuarteles enfermos -como los que costaron la vida de Carrasco- y no de la investidura que lo distingue. Él también se escudó en la política que detesta y que le permitió, como a Rico, acceder a un cargo ejecutivo para el que difícilmente haya hecho méritos.

                Es una lástima que un partido como el Justicialista, que representa a vastos sectores de la población, sobre todo de la trabajadora, y que se entronca con los sentimientos más caros de la tradición popular; que supo ser gobierno en distintas etapas y con distintas performances, pero nunca esquivándole el bulto; que debió trabajar intensamente sobre su propio cuerpo para expulsar los aires de fascismo que lo impregnaron desde los comienzos y que extirpó dolorosamente los quistes que lo infectaban a partir de la renovación tras la debacle del ´83; caiga por necesidad de votos en la reincidencia  de albergar en su tejido a los personajes más oscuros de nuestro presente como país.

                Rico no le va a aportar nada ni al PJ  ni a la política  ni a la nación, porque no tiene ni envergadura ni historia ni programa para hacerlo.  Por el contrario, se va a servir de los cuadros del PJ, va a captar a unos cuantos nostálgicos con su discurso mesiánico  y va a usufructuar de los votos que no le pertenecen porque, como quedó demostrado, solo, con su propuesta y con su gente, es incapaz de conseguirlos.

 

(Número 6)

La necesidad de reclamar

José Luis 'Pepe' Sánchez / actor, regisseur, docente

Escribe

Claudio Portiglia

 

                Decía José Luis Sánchez, en la edición de Plural de la semana pasada, que los argentinos tenemos fama de cuestionadores.

                Según la lectura que se le dé, el rótulo bien puede significar una virtud o bien un vicio. Si el hombre, en sentido genérico, no fuera cuestionador por naturaleza, la evolución de la especie y, consiguientemente, de la historia hubiese sido inimaginable; y si los argentinos, en sentido estricto, tampoco lo fuéramos, es obvio señalar que ni siquiera seríamos argentinos. Y así visto, parece una virtud.  También por cuestionador, el hombre, genéricamente hablando, ha perdido su tranquilidad unas cuantas veces y su felicidad casi siempre; y los argentinos, con la mayor estrictez, hemos perdido las bondades que nos fueran legadas y hemos trabado las iniciativas de todos cuantos las supieron conseguir. Así vista, la cosa se vuelve un vicio.

                Ahora, se le dé la lectura que se le dé, el arte de cuestionar contiene un apartado que corresponde al capítulo de los reclamos. Y en esta cuestión, me parece; no sé si el hombre en sentido genérico, pero con toda seguridad el argentino en sentido estricto; está, a las puertas del tercer milenio, bastante crudo todavía.

                Da la impresión de que los argentinos tuviéramos miedo o vergüenza de reclamar en el momento que corresponde; y cuando hartos de soportar que nos estafen, que nos menosprecien, que nos humillen, que nos sojuzguen estallamos en el reclamo, solemos hacerlo mal; a contramano, o a deshora.

                Y se me ocurre que éste sería un buen tema para incluir entre los contenidos de todos los programas a desarrollar en las escuelas. En educación cívica, por ejemplo; o en el estudio de la realidad social, cualquiera fuere el nombre de la asignatura que lo desarrolle.  ¿Cuándo debe reclamar un ciudadano?

                El asunto aparecerá como denso a poco que se lo piense. Pero para ganar tiempo y a efectos de trazar unas líneas de posible exploración, esbozo el catálogo que sigue:

                Un ciudadano debe aprender a reclamar:

                a) Cuando en los lugares donde le deben explicaciones le preguntan zonceras para que hable el ciudadano; y en los lugares donde el ciudadano debería explicarse, lo atontan con retórica para no dejarlo hablar.

                b) Cuando el viandante que circula a su lado desenvuelve el alfajor, o extrae del paquete el último cigarrillo, o bebe de la lata la última burbuja y arroja displicentemente el envase, muchas veces sobre el ciudadano mismo.

                c) Cuando su hijo llega de la escuela con recurrentes pésimas calificaciones, como “unos” o “dos”; porque nadie normalmente puede ser tan malo como para no merecer en la evaluación integral una nota medianamente digna.

                d) Cuando su hijo llega de la escuela con recurrentes calificaciones extraordinarias, como “nueves” o “diez”; porque pocos normalmente merecen los grados de la excelencia, y el resto corre el riesgo de encandilarse y dejar que se los confunda, haciéndoles creer que son lo que realmente no son.

                e) Cuando en el supermercado le exhiben atractivas promociones de gaseosas, con premios inmediatos que van desde un viaje fabuloso hasta la reposición de la unidad que consume, y en el momento en que gana -inevitable y únicamente la unidad que consume-, le explican que ese comercio no funciona como centro de canje.

                f) Cuando en la delegación policial que le corresponde por jurisdicción gestiona un certificado de antecedentes para un trámite obligatorio, y después de seis meses de espera le piden que compre otro sellado para tramitarlo directamente en la capital de la provincia. En este caso sería recomendable, aunque más no fuera, reclamar la devolución del importe del sellado anterior.

                g) Cuando un automovilista que circula en la misma dirección que el ciudadano de a pie, habilitado por el mismo semáforo, lo atropella a bocinazos amparado en la razón de la fuerza y desconociendo, además de la norma, la más elemental educación.

                h) Cuando un vendedor cualquiera, o un cajero que para el caso es lo mismo, tarde más de cinco minutos en resolver cuánto tiene que cobrarle o cuánto tiene que devolverle, para lo que se topa con el dilema de una cuenta con dos o tres números de dos o tres cifras.

                i) Cuando la señora o el señor de al lado, o de enfrente que para el caso es lo mismo, mantiene limpia la casa y la vereda volcando su basura en la casa y en la vereda del ciudadano.

                j) Cuando una municipalidad que administra un espejo de agua como balneario público, permite que entre los bañistas navegue una enorme embarcación que los tortura a sirenazos, que los embiste para atracar al amarradero, estratégicamente ubicado en el espigón central, y que los contamina con los efluentes y los desperdicios que arroja al agua.

                k) Cuando el ciudadano, que no era discapacitado, comienza a serlo a raíz del atropello sufrido de parte de un ciclista o de un motociclista que se lo carga al hombro, a favor de la tentación que le provoca la rampa para discapacitados, mientras los inspectores de tránsito se entretienen en colocar el traba-ruedas a un pobre infeliz que estacionó sin tarjeta.

                l) Cuando le roban el lugar en la cola del banco o del supermercado bajo pretexto de estar distraídos en animadas conversaciones.

                m) Cuando le hablan mal del gobierno de turno sin que le proporcionen argumentos convincentes; y cuando le hablan bien del gobierno de turno con la misma carencia de argumentos.

                n) Cuando el prestador de la obra social le carga las culpas al profesional de la salud, y cuando el profesional de la salud se las carga al prestador social, mientras ninguno de los dos lo atiende como corresponde, pero los dos se quedan con la plata del ciudadano.

                ñ) Cuando el dirigente gremial que lo representa se justifica programando cacerolazos, o cortes de rutas o de calles, o ayunos mediáticos, o carpas ridículas, o roturas de bienes públicos, o embestidas de cualquier naturaleza contra cualquier objetivo antes que ayudando al ciudadano a encontrar soluciones para sus problemas concretos.

                o) Cuando en el café, o en el micro, o en la sala de espera, o en el lugar cerrado y público que fuere, lo obligan a fumar cuando no quiere, lo obligan a enterarse de las noticias del diario que no está leyendo, o lo obligan a estremecerse con la música que detesta escuchar o con la película que jamás alquilaría.

                p) Cuando le dan un turno para la siete de la tarde, pero le dicen que por las dudas vaya quince minutos antes y terminan atendiéndolo dos horas después.

                q) Cuando la empresa recolectora de residuos se complace a través de sus agentes en compactar la basura a las tres de la mañana, justo al lado de la ventana de su dormitorio, y cuando a la media hora, una vez que el ciudadano consigue nuevamente conciliar el sueño, lo estremece la barredora.

                r) Cuando el importe por el consumo de energía eléctrica le aumenta  al ciudadano todos los meses y recibe como pertinaz argumento que tendrá alguna pérdida.

                s) Cuando lo obligan a trabajar las horas que no le pagan y en los horarios y los días que no le corresponden.

                t) Cuando lo obligan a no trabajar, aun pagándole lo que le corresponde, porque el ciudadano cuestiona, y al cuestionar exige, y si exige molesta; y mejor pagarle para que no trabaje.

                u) Cuando lo tratan de “che” porque sí; y si el ciudadano se molesta por el voseo lo provocan con el boxeo.

                v) Cuando le mienten quitándole la razón que tiene y también cuando le mienten otorgándole la razón que le falta.

                w) Cuando le repiten el mismo programa televisivo cuatro veces a la semana, en tres segmentos horarios distintos, y lo contentan diciéndole que es un servicio para que nadie se prive de verlo.

                x) Cuando quiere ver el único programa televisivo que realmente le interesa y no puede porque es codificado.

                y) Cuando lo marginan o lo proscriben porque sí; pero en público le argumentan por qué no.

                z) Cuando le reprochan que cansa con tanto reclamo, y le aconsejan tener buena onda, y lo conminan a vivir la felicidad de la vida...

                En algún número venidero ensayaremos, tal vez, con un nuevo catálogo que responda a los caracteres del alfabeto griego.

 

(Número 7)

El sentido de la responsabilidad

¿Y con los agroquímicos, por ejemplo?

Editorial

 

                Nos sorprendió repasando los artículos, las notas y las entrevistas que se publican en el presente número, las varias alusiones que se hacen al tema de la responsabilidad. Y la costumbre indica que aquello que más se nombra es, precisamente, lo que menos abunda. O lo que falta para ser precisos. Nos pasó por los setenta y principios de los ochenta, cuando nombrábamos libertad y democracia, nos pasó por mediados de los ochenta y principios de los noventa cuando nombrábamos estabilidad, y nos pasó y nos pasa por estos tiempos cuando nombramos trabajo o justicia.

                Pero de pronto, y un tanto imprevistamente, aparece la cuestión de la responsabilidad. Y a diferencia de los otros motivos, que generalmente se adjudicaban a terceras personas o circunstancias, el de la responsabilidad se plantea con un firme sentido de autocrítica. Parece como si de pronto cayéramos en la cuenta que ni la libertad, ni la democracia, ni la estabilidad, ni el trabajo, ni la justicia resultaran posibles -o al menos perdurables- si flaquea la responsabilidad.

                Y la responsabilidad no es otra cosa que la posibilidad de responder. Responder por lo que genero, responder por lo que pido, responder por lo que comprometo, responder por lo que exijo. ¿Pero cómo responder si primero no nos interrogamos? Conclusión: ha llegado el momento de las preguntas.

                ¿Qué pasa con nuestro ejercicio de la libertad y de la democracia? ¿respondemos por ellas?  ¿Qué pasa con nuestro desempeño en la estabilidad? ¿generamos opciones creativas al servicio del desarrollo y de la equidad?  ¿Qué pasa con nuestra vocación de trabajo y de justicia? ¿la dejamos crecer y manifestarse?

                Es curioso, repetimos, que aflorara de golpe este tema: Las irregularidades en la municipalidad de Junín, las relaciones del capital y el trabajo, la problemática de la mujer, las transformaciones que lleva adelante la provincia de Buenos Aires, los efectos no deseados de la sociedad de consumo y la extraña situación que se vive en una escuela privada de la localidad de Arribeños, llevaron a los periodistas que trataron los distintos temas y a algunos de los entrevistados a tomar en cuenta el factor responsabilidad.

                La novedad nos parece auspiciosa. En la medida en que los hombres aprendamos a interrogarnos y consecuentemente desarrollemos el hábito de responder, muchos de los problemas que ahora nos afectan desaparecerán como por arte de magia, pero será, a no dudarlo, el puro triunfo del sentido común.

 

(Número 8)

La trampa de los votos

Escribe

Claudio Portiglia

 

 

                Posiblemente en Junín haya llegado el tiempo de los replanteos, tanto para las autoridades que conducen el gobierno municipal, con el intendente Miguel a la cabeza, como para la comunidad que le otorgó la función de administrar sus bienes desde la recuperación democrática, hace ya algo más de catorce años.

                El escándalo desatado a partir del desfalco que nace en la cartera de hacienda, puso en evidencia los desajustes de un sistema relajado. Pero creemos que no son éstos los momentos de permitir que el árbol nos tape el monte ni tampoco de hacer leña del árbol caído.

                Honestamente, pensamos desde siempre que el ingeniero Miguel y su equipo de colaboradores ostenta un caudal de votos inconveniente para cualquier democracia. Ganar una elección de ejecutivo con casi el setenta por ciento de los sufragios es una tentación demasiado fuerte como para no creerse providencial e imprescindible; y bueno es comprender que Miguel no es ninguna de las dos cosas. Pero la mayoría del pueblo de Junín, en su momento, consideró que sí y no puede ahora deslindar responsabilidades.

                Plural es un medio demasiado nuevo en la ciudad como para acreditar testimonio alguno, pero desde su aparición sostenemos la inconveniencia de la perpetuación en los cargos. Esto válido para cualquiera de los niveles de gobierno, sea el nacional como el provincial o el municipal, y en este punto discrepamos con lo que el diputado Ferrari sostuvo en la entrevista mantenida con este medio, así como con lo que sostienen muchos componentes del radicalismo a nivel local y del menemismo a nivel nacional. Pero también discrepamos con el electorado que permitió la perpetuación. Y aquí llegados, tal vez sea Miguel el menos responsable, de la misma manera que lo sería Menem si ni su partido, ni la oposición, ni el votante impiden su tercer mandato consecutivo.

                Aunque al intendente llegara a molestarle, creemos que Miguel y Menem se parecen en algo más que en la inicial del apellido. Y Miguel hoy, como podría ocurrirle mañana a Menem, se ve atrapado en la encrucijada que él mismo generó pero de la que terminó siendo víctima principalísima. Es que el poder no perdona: relaja, corrompe, tienta aun a los aparentemente más nobles, y nunca es bueno dejarse seducir por sus innegables y cuantiosos atractivos.

                Quienes constituyeron alguna vez nuestro sistema republicano de alternancia, sabían que la obligación de entregar la posta al cabo de un período de gobierno significa, por sí sola, la prudencia administrativa y el empeño por mantener los papeles en orden. Pero cuando no hay límites para esa periodicidad; y más aún cuando se mide el pulso del electorado y se detecta una aprobación mayúscula, otorgada al cabo casi por inercia; aquella preocupación desaparece y queda el camino expedito para dar rienda suelta a las tentaciones propias, a la vez que se alimentan las ajenas.

                Carecemos de elementos válidos como para ensayar un análisis de la situación total y sacar conclusiones de cualquier tipo. Será ése trabajo de los organismos pertinentes, desde el Concejo Deliberante hasta la justicia. Pero nos permitimos creer que si al intendente le cabe alguna culpa, es la de su manifiesto narcisismo; no dudamos, en cambio, de su honestidad.

                Otro es el enfoque, en cambio, para con el equipo de gobierno. La experiencia de la historia indica que cuando una personalidad fuerte como la del ingeniero Miguel se enquista en funciones cuasi monárquicas, una corte de aduladores y alcahuetes florece a su alrededor, conformada por personajes muchas veces siniestros y grises que, sabedores de sus incapacidades protagónicas, aprovechan el paraguas protector del líder para acrecentar sus porciones de poder mezquinas y para edificar, si se puede, el bienestar económico que los ponga a salvo de futuras eventualidades.

                La punta de esta madeja, en definitiva, comenzó a desatarla el propio intendente; pero su obcecada testarudez lo llevó primero a buscar un chivo expiatorio, que podrá o no tener responsabilidad en el asunto, pero que seguramente no actuó en soledad. Mientras tanto, y desde mucho  antes, otras cosas suceden a su alrededor más delicadas aún que el faltante de dinero. Como la más grave, de entre aquéllas que tomaron estado público, se nos aparece la que emana del pedido de explicaciones que el bloque de concejales justicialistas presenta como proyecto de resolución en el Concejo Deliberante con fecha 9 de marzo. En el citado proyecto, con la firma de todos los componentes del bloque, se señala una irregularidad difícil de aceptar: La empresa concesionaria de peaje Nuevas Rutas y el fisco de la provincia de Buenos Aires, dos potenciales litigantes de la Municipalidad de Junín ante eventuales diferendos que surgieren por la responsabilidad de las partes sobre rutas y caminos, constituyen su domicilio procesal en el estudio jurídico del Secretario de Gobierno municipal, doctor Eduardo Minervino, cuyo socio, además y atendiendo el citado proyecto, sería el letrado apoderado del fisco provincial. Si esto es así creemos, en primer lugar, que independientemente de cualquier derivación posterior el pueblo de Junín merece una pronta y detallada explicación de parte del Secretario de Gobierno y del propio Intendente municipal; porque sería ingenuo suponer que una maniobra reñida con la más elemental norma de la ética pasara inadvertida para el jefe comunal o surgiera de meras desprolijidades de forma. Cabe preguntarnos, ante una eventual acción judicial que enfrente a nuestro municipio con el gobierno de la provincia o con la empresa concesionaria de peaje, ¿de qué lado estaría el actual secretario de gobierno?

                Éste es un tema, insistimos, más grave que el surgido de la defraudación sobre dineros públicos, aunque no podemos dejar de vincularlos.

                Por otra parte, falta un año y medio largo de administración comunal a cargo de las actuales autoridades. Si como es de esperar, un mínimo sentido de la honorabilidad o de la vergüenza provoca la separación de sus cargos de todos los funcionarios implicados, el intendente Miguel debería recomponer de urgencia su gabinete, el que soportaría una pesada herencia de planteos, litigios y controversias. Demasiada carga para un poder relajado y en picada, que con seguridad ha perdido de un plumazo el sobrante de votos alquilados con tanto esfuerzo y con tanta obstinación.

                Es de esperar que en momentos tan difíciles imperen la prudencia y la templanza, tanto de parte del oficialismo como de la oposición externa e interna. Y con respecto al pueblo de Junín, sería bueno que comprendiera que no hay reelecciones malas y reelecciones buenas, como se le mintió y como deja que se le siga mintiendo. En toda república representativa, la perpetuación en el poder de uno o más funcionarios es mala en sí misma; alienta la corrupción, prohija los delincuentes, relaja las costumbres y debilita los mecanismos de control y de defensa que debe tener un pueblo a través de sus representantes.

                Mientras el caso se resuelve, se dan las explicaciones que corresponden y se garantiza la reparación de los daños causados a la comunidad, es bueno que aprendamos la lección. El ejercicio de votar es algo mucho más profundo, mucho más importante que participar de una fiesta proselitista con despliegue de consignas y banderas, o de celebraciones de victorias con aire triunfalista, como si se tratara de barras complacidas por un campeón de fútbol. Votar es decidir nuestro destino y el destino del prójimo, con todo lo que esto implica de ejercicio del derecho y de la responsabilidad.

 

(Número 8)

Juegue gratis

Contratapa

De nuestra redacción

 

                Desde que el consumo manda y modifica las conductas sociales, las técnicas de captación de voluntades se desarrollan tan velozmente y con tanta creatividad que recuerdan las que en la primera mitad del siglo impulsaban las ideologías totalitarias, como el comunismo o el fascismo, y que tendían al lavado de cerebro. De allí que aunque parezcan opuestos, los procedimientos de estos regímenes y de aquel capitalismo consumista terminan siendo caras de una misma moneda: la que sujeta al hombre y le pone precio a su dignidad, sometiéndolo a los caprichos de la materialización de resultados.

                Todo vale en la jungla del consumo, desde la mentira y la manipulación de las conciencias hasta la ofensa, la humillación y la crueldad.

                Y parece, por desgracia, que el consumo se ha instalado como cultura. Y como cultura crea normas. Y las normas que rigen el comportamiento en la cultura del consumo, hacen normales a los ojos de la gente actitudes que merecen el mayor desprecio.

                Para que se consuma es necesario vender; y para que se venda, un producto requiere de la aplicación sistematizada de las técnicas de venta que consecuentemente alimentan el consumo. Y esta vorágine espiralada no reconoce barreras de ninguna especie; actúa como un tornado devastador que arrasa con cuánta razón pudiera oponérsele hasta el agotamiento.

                Pero no son, como podría creerse, las grandes campañas publicitarias o propagandísticas de las grandes empresas nacionales o multinacionales las que ahora nos ocupan. Aquéllas existen y ya se ha hablado de ellas suficientemente, con mejores enfoques y por mejores canales.  Las que nos ocupan, son las pequeñas humillaciones cotidianas, la crueldad de cada día, las pequeñas ofensas que se suman por la acción de centenares de infelices que sin criterio y con escasa vergüenza, engruesan la rueda del consumo desde su ineptitud y su ambición. Y con hechos aparentemente insignificantes, de aquéllos que parecería no vale la pena perder el tiempo en puntualizar: El heladero que vocifera insistentemente alrededor de una familia con cinco o seis chicos, en un día con treinta grados de temperatura, sin conocer ni importarle si esa familia tiene el dinero suficiente como para conformarlos a todos, o si alguno de esos chicos pudiera estar en situación de salud que le impidiera probar el helado; o el vendedor de libros y enciclopedias, inútiles por lo general, que usan a las escuelas y su capacidad concentradora de caprichos para forzar sus ventas; o el propietario del mercado que anuncia en su pizarra frutillas a uno con cincuenta, mostrándolas maduras y carnosas, para indicar, adentro, que ésas son las de cuatro y que de las de uno con cincuenta no le quedan, o son verdes, chiquitas e incomibles.

                Éstas que enumeramos, más otras tantísimas por el estilo, son las verdaderas miserias de la sociedad de consumo; porque no provienen del trust o del monopolio de los que no cabe esperar otra cosa. Proviene de gente como uno, con las necesidades y las aspiraciones de uno, con los mismos dolores y las mismas alegrías, con los mismos problemas, con las mismas privaciones; pero con una moral que evidentemente ha claudicado; con una alma en venta, como diría Sabina.

                Y algo de eso, por estos días y en Junín, nos obliga esta nota. Una feria de juegos y diversiones, que se identifica como Real Center Park, ha inundado las calles de Vales por un juego gratis, a cobrar se supone por el portador del billete, se supone también que cualquier día de la semana, con expresa entrada gratuita y con la única limitación de dos topes horarios.

                Los hijos de quien escribe esta nota llevan juntados, al momento del cierre, ciento catorce vales recogidos de la calle, lo que legítimamente les hace creer, en su fantasía y su deseo infantil, que podrán disfrutar de ciento catorce juegos gratuitos, para lo que piensan concurrir puntualmente en los horarios señalados cada día que la feria habilite sus instalaciones. Nos preguntamos, ¿podrán?  ¿Podrán disfrutar alegremente de la generosa promoción?  Por supuesto que los vamos a llevar; y por supuesto que esperamos que sí, que puedan, que jueguen gratis, que disfruten una vez al menos de la generosidad de la gente. Y por supuesto que estaremos junto a ellos, acompañándolos y compartiendo sus alegrías.

                Pero si por alguna eventualidad no pudieran cumplir con ese sueño, porque no los dejaran, porque algún propietario se los impidiera, porque algún recurso se extrajera de la manga que obrara como excusa, se estaría consumando una estafa. Y alguien, desde aquí lo prevenimos, tendrá que responder. Alguien deberá hacerse responsable de una defraudación más, de una frustración miserable operada sobre la frágil ilusión de unos niños. Alguien tendrá que reparar los daños, afrontar las consecuencias de la estafa y devolver la confianza maltrecha indemnizando como corresponde el perjuicio moral.

 

(Número 8)

La Fraternidad Mariana divide al pueblo y silencia voluntades

Arribeños: Se suman los indicios y crecen las incógnitas en torno de la escuela San Francisco de Asís

 

De nuestra redacción.

 

                Dos son los perjudicados inmediatos: el pueblo de Arribeños en su conjunto, muchos de cuyos habitantes se miran con recelo y se alinean de uno u otro lado según la credulidad o el temor aconsejen, y los alumnos de la escuela San Francisco en particular, que asisten forzosamente a clase en medio de un clima enrarecido, sabiendo que no pueden confiar ni en las autoridades de la escuela ni en la representación legal ni en los docentes que permanecen callados, porque conocen y padecen las diferencias que preocupan a sus padres, pero carecen de la posibilidad de participar, se les niegan las explicaciones y sienten que ninguna autoridad se ocupa del asunto seriamente.

                La sensación que tuvieron los periodistas de Plural, que iniciaron un pormenorizado seguimiento del caso, revela que a medida que se suman los indicios que comprometen a la Fraternidad Mariana, crecen las incógnitas y el miedo se apodera de las familias con hijos en edad de secundario, que temen se les dificulte la promoción o se les trabe los egresos, como cuentan que ya habría sucedido en años anteriores.

 

 

                La confirmación de los adelantos

 

                En la edición de la semana pasada, Plural adelantaba a sus lectores que una embajada del obispado de San Nicolás habría viajado hasta Arribeños para interiorizarse de las irregularidades que se vendrían cometiendo en la escuela San Francisco de Asís a partir de que la Fraternidad Mariana, un grupo religioso no reconocido como congregación, se hizo cargo de la administración de la escuela, hace aproximadamente cinco años. En aquel adelanto, se anunciaba una serie de aspectos que estamos ahora en condiciones de confirmar:

                1. El problema existe. Un grupo de padres se ha manifestado en contra de la conducción de la escuela y elevó una carta al obispo de San Nicolás, Monseñor Maulión, para pedirle que interviniera en lo que consideran un manejo inadecuado y sectario de la catequesis familiar y de la educación que se imparte en los tres niveles de enseñanza. La carta reúne alrededor de doscientas firmas y fue entregada en manos al obispo Maulión por una delegación de padres que viajó especialmente a San Nicolás.

                2. El obispo nombró una comisión que se trasladó hasta Arribeños el viernes 13 de marzo, y allí tomó testimonios de autoridades, docentes, empleados y miembros de la comunidad educativa. Como primera derivación, y según una versión que no pudo ser confirmada, el obispo habría citado al superior de la Fraternidad Mariana, sacerdote Efraín Sueldo, a una audiencia que habría tenido lugar en San Nicolás el sábado 14 o el domingo 15.

                3. Los padres de los alumnos, no solamente mantienen con firmeza la actitud de reclamo adoptada, sino que además se constituyeron en asamblea permanente y acordaron reunirse todos los martes para seguir paso a paso la evolución del diferendo. Según pudo saber Plural, preparan además un paquete de medidas que irán aplicando conforme se agrave la situación que los afecta.

 

 

                Qué se reclama

 

                Según lo informado a Plural por miembros de la comisión de padres, el conjunto de reclamos que los enfrenta con la conducción de la escuela podría resumirse en los siguientes aspectos:

                1. Apropiación indebida de patrimonio. La Fraternidad Mariana se hizo cargo de la escuela San Francisco de Asís hace cinco años aproximadamente, simultáneamente con la designación del padre Gabriel Landesa como párroco de General Arenales. En febrero de 1992, es nombrada rectora del establecimiento educativo la consagrada Celina Caire quien reemplaza a la hasta entonces directora Nélida Mauri de Fotti, hoy fallecida, que había impulsado un sostenido crecimiento institucional y edilicio trabajando mancomunadamente con una asociación cooperadora integrada por vecinos y padres de alumnos. A la fecha de asunción de las nuevas autoridades, la gestión Fotti llevaba invertida una suma cercana a los trescientos mil pesos, procurados por gestión de la cooperadora a través de rifas, cenas-shows y donaciones varias que no incluían aportes oficiales. Instalada la Fraternidad, se desplaza a la señora de Fotti, sobre quien se inicia una campaña de descrédito personal, se disuelve la asociación cooperadora y el grupo de consagradas, bajo la conducción del padre Gabriel, se hace cargo del manejo de los fondos y de la obra. Comenzaron entonces los primeros síntomas de la discordia. Se recuerda que para el acto de colación de grados de ese año, 1992, los egresados del instituto secundario pidieron la palabra y reivindicaron la persona de Nélida Fotti, a quien premiaron entregándole cada uno un clavel y ofreciéndole un cerrado aplauso, al tiempo que ignoraron los discursos oficiales del representante legal, Gabriel Landesa, y de la rectora, Celina Caire.

                2. Manipulación de la catequesis. Afirmados en la conducción, legitimados por el obispo de entonces, Monseñor Castagna, y legalizados ante los organismos pertinentes de la provincia, los integrantes de la Fraternidad habrían avanzado en un plan de adoctrinamiento fundamentalista que privilegiaría los postulados fraternales del líder, Efraín Sueldo, por encima de la catequesis habitual y por encima incluso del mismo Evangelio. Cuando catequistas de larga trayectoria y de reconocida solvencia moral y cristiana hicieron oír sus voces de disconformidad, habrían comenzado a ser objeto de persecuciones, presiones y marginación y desplazados por otros que se avinieran a las imposiciones de la Fraternidad.  Esta política que los padres atinan en calificar de sectaria, habría producido la primera fractura en la comunidad educativa y habría alejado de la Iglesia a un número considerable de fieles practicantes.

                3. Fractura y distanciamiento progresivo. Consecuentemente, la estrategia adoptada por la Fraternidad Mariana habría estado orientada a captar voluntades de docentes, alumnos y padres que consideraban permeables, al tiempo que desplazaban a los que percibían duros e inconvenientes. Esta política habría fracturado primero y distanciado después a los distintos sectores, producido fricciones y enemistades entre los cursos y obligado el retiro de alumnos que buscaron tranquilidad en establecimientos de localidades vecinas, ya que la San Francisco es la única escuela secundaria de Arribeños. Como ejemplo de lo señalado, se apunta que Quinto Año de 1998 conserva solamente doce alumnos.

 

 

                Un subsidio provincial en danza

 

                Paralelamente con la estrategia educativa y catequística implementada, la Fraternidad Mariana habría iniciado una campaña de concientización orientada a convencer a los arribeñenses de que el edificio donde funciona la escuela San Francisco y donde se había iniciado la ampliación motorizada por la gestión Fotti, era de alto riesgo y de futura pero pronta inhabitabilidad. Para ello se basaron en el hundimiento parcial del piso del edificio de tres plantas que habría originado el descalabro de algunas aberturas y la presunta rajadura de paredes. Con ese argumento desalentaron la continuidad de la obra, paralizaron lo hasta allí invertido, que incluye una enorme estructura de cemento techada para el futuro gimnasio, e instalaron la necesidad de un edificio nuevo, para lo cual gestionaron y estarían a punto de conseguir la cesión de un terreno de parte de la Municipalidad y gestionaron y consiguieron un subsidio de ciento cincuenta mil pesos del gobierno de la provincia de Buenos Aires que, curiosamente, habría sido girado en principio a un Banco de Arrecifes, centro operativo de la Fraternidad Mariana, y que ahora estaría depositado en una cuenta tripartita en la filial Arenales del Banco de la Provincia de Buenos Aires.  Según informaron a Plural fuentes confiables, los titulares de la cuenta serían el párroco de Arenales, padre Aldo, la rectora, Celina Caire, y una persona que no sería ni miembro de la comisión de padres ni de la cooperadora y que sí podría ser algún asesor contable o jurídico de la Fraternidad. Si bien la prudencia o el miedo hace que muchas voces permanezcan calladas cuando se encienden los grabadores, corrillos oficialistas de General Arenales se lamentan de que la provincia conceda ciento cincuenta mil pesos a una escuela privada de regular población escolar, cuando el municipio no logra reunir ni mil pesos para asistir las numerosas necesidades de las escuelas públicas que de a poco van haciendo sentir su malestar.

                Pero más curioso aún, resulta que la provincia haya girado el significativo monto sin que hasta la fecha haya inversión comprobable ni, consecuentemente, rendición de cuentas de parte de la Fraternidad. Según las mismas fuentes, que por el momento pidieron reserva, el monto se habría girado en dos partidas de noventa mil y sesenta mil pesos respectivamente, y llama la atención que la partida menor fuera girada sin que existiera rendición previa por parte de la Fraternidad Mariana de la anterior partida. Quizás haya llegado el momento, especulan las fuentes, de que las autoridades pertinentes actúen de oficio ante la posibilidad de un manejo fraudulento de fondos que pertenecen a la provincia de Buenos Aires.

                “Lo cierto es que mientras se destraba la situación y la obra permanece parada, ciento cincuenta mil pesos devengan intereses para algún bolsillo”, se animaron a conjeturar los más audaces.

 

 

                Los bemoles del edificio

 

                Pero, ¿sirve o no sirve el actual edificio? ¿es o no de alto riesgo para su habitabilidad?  Si consideramos que diariamente concurren a la escuela, en sus dos turnos, alrededor de trescientos cincuenta alumnos, estas preguntas deberían responderse públicamente a la brevedad, porque no se puede arriesgar la integridad física de los chicos.

                Sin embargo, ex-integrantes de la comisión cooperadora pro-edificio que fueron desplazados de sus funciones por la Fraternidad Mariana, confirmaron a Plural que no se corre riesgo alguno, que oportunamente se contrató a una empresa de La Plata para que hiciera el estudio de suelo y aconsejara las obras necesarias y que seguidamente la empresa cordobesa Astori, de reconocido prestigio nacional en la instalación de estructuras para la construcción, confirmó la aptitud del terreno. No hay razones por lo tanto, concluyen los mismos informantes, para que se haya montado la campaña de atemorización que se montó, para que se haya paralizado la obra por cinco años y para que se retacee o se nieguen las explicaciones de rigor. Cabe señalar al respecto que los planos de obra están debidamente aprobados por profesionales competentes y que para ello, la antigua comisión pro-edificio  invirtió unos dieciocho mil pesos. “¿Por qué se juega así con nuestro esfuerzo y con nuestra plata?”, Se preguntan dolidos los miembros de la comunidad.

 

 

                Las voluntades silenciadas

 

                La pregunta, sin embargo, se pierde en la incomprensión. Nadie parecería querer interesarse en el asunto y, salvo los miembros de la asamblea permanente de padres y alguno que otro informante oficioso, ninguno de los presuntamente autorizados para informar quiso abrir la boca cuando Plural requirió precisiones o datos. La rectora del establecimiento, Celina Caire, se excusó diciendo que estudiaban los pasos a seguir y una posible acción judicial (¿contra quién?) Por falseamiento de la información; respuestas parecidas dieron los curas de General Arenales, Walter y Aldo, con el agregado del primero de que “no hablaban para mantener la unidad de la comunidad”, unidad que, como queda expuesto, no existe desde hace bastante tiempo. Tampoco quisieron opinar concejales ni ex-concejales (llamativamente los que representan a Arribeños fueron los más reacios), ni el Delegado Municipal de Arribeños; y en la Municipalidad de General Arenales se nos dijo que se carece de información suficiente aunque están al tanto del problema suscitado. Los medios de información arenalense reaccionaron de distintas maneras, y al despliegue de la emisora de radio le corresponde la posición un tanto indefinida del circuito de televisión por cable.

                A qué se le teme es la pregunta que nos queda

 

 

                Conjeturas y planteos

 

                Al rumor de las fuentes, surgen algunas conjeturas que originan los correspondientes planteos:

                Conjetura 1: No se habla porque se le teme a algo.

                Planteo: ¿A qué? ¿a quién o quiénes? ¿por qué?

                Si las cosas son claras como se defienden los miembros de la Fraternidad, la exposición pública de la situación despejaría las dudas y acercaría las partes en un diálogo provechoso. Para ello, se nos ocurre, habría que responder los siguientes interrogantes:

                1. ¿Cuál es la política educativa de la escuela San Francisco de Asís?

                2. ¿Cuál es la orientación catequística que impulsa la Fraternidad Mariana?

                3. ¿Por qué el obispado de San Nicolás confió a la Fraternidad Mariana, un grupo no reconocido como congregación dentro de la Iglesia Católica, la parroquia de General Arenales y la escuela San Francisco de Asís de Arribeños?

                4. ¿Por qué se disolvió inmediatamente la asociación cooperadora, se desarticuló la comisión de padres y se desplazó a la señora de Fotti desacreditándola ante la sociedad? ¿Y por qué lo permitió el obispo? ¿estaba al tanto de la situación?

                5. ¿Por qué se paralizó la obra de ampliación edilicia y se inició la campaña de atemorización por la seguridad del inmueble si estudios confiables decían lo contrario?

                6. ¿Ante quién o quiénes se gestionó el subsidio de ciento cincuenta mil pesos?

                7. ¿Cómo se consiguió que se otorgara el subsidio con tanta celeridad cuando no hay obra alternativa visible que lo justifique y cuando las escuelas públicas del distrito penan por satisfacer sus necesidades básicas?

                8. ¿Quiénes administran los fondos paralizados del subsidio y a cuánto asciende hoy su monto con los intereses devengados?

                9. ¿Por qué, si fuera cierto, originalmente se giraron los fondos a Arrecifes y no a Arribeños?

                10. ¿Por qué, si fuera cierto, entre los titulares de la cuenta bancaria que contiene los fondos no hay ningún miembro de la comisión de padres?

                11. ¿Quiénes son los destinatarios de los fondos asignados por la provincia de Buenos Aires? ¿la Fraternidad Mariana? ¿la escuela San Francisco de Asís? ¿la comunidad de Arribeños?

                12. ¿A qué organismo y en qué plazos se debe rendir cuentas por el destino de esos fondos?

                13. ¿Quiénes son los legítimos propietarios de la escuela? ¿el obispado de San Nicolás? ¿la Fraternidad Mariana? ¿el pueblo de Arribeños?

14. ¿Es verdad que en la Escuela San Francisco se traba la promoción de los egresados que adeudan la cuota de cooperadora que cobra y administra la escuela?

                15. Si los padres coincidieran en retirar a sus hijos, ¿podría haber escuela?

                16. ¿Puede hacerse una obra costosa y con fondos provinciales para una población escolar reducida, fraccionada, disconforme y emigrante?

 

                Conjetura 2: Se le teme a algo, por lo tanto aquí debe haber algo más de lo que se sabe.

                Planteo:  Si se produce la ruptura entre la Fraternidad Mariana y la comunidad de Arribeños, ¿en qué manos quedaría la escuela con su patrimonio, su debe y su haber?

                Se sospecha, con fundamento según los informantes, que a la fecha y pese a disponer de los ciento cincuenta mil pesos del subsidio, la escuela San Francisco de Asís debería a los distintos entes recaudadores alrededor de cuarenta mil pesos en carácter de aportes. Si el obispo resolviera cancelar el otorgamiento a la Fraternidad, ¿quién se haría cargo de la hipotética deuda?  “Ah, nosotros no tenemos plata”, dicen que se cubrió el vicario cuando se le planteó la situación.

 

 

                Conclusiones a priori

 

                Como se puede colegir, una maraña demasiado espesa se ha tejido en el seno de una comunidad pequeña que reclama y merece las explicaciones del caso.

 

(Número 9)

Ex-presidente Alfonsín: "Tomar las armas"

Presidente Raúl Alfonsín

Editorial

 

                Aunque nos movemos por vocación y por necesidad en un mundo de palabras dichas  -el periodismo no podría concebirse de otra manera-, adherimos convencidos a aquello de que el hombre es dueño de lo que calla y esclavo de lo que pronuncia.

                El problema es que como hombres somos seres sociales y, en cuanto tales, necesitamos del pronunciamiento; porque aquello que se calla sirve para uno y para el dominio que de uno se puede alcanzar, pero no para interrelacionarse con los demás. Por eso se habla. Y por eso también, la palabra pronunciada alcanza valoraciones de altísima significación según sean las circunstancias.

                Hay expresiones que por el solo hecho de haber sido pronunciadas cambiaron el rumbo de la historia: Ego sum via lux et vita; Eppur si muove; To be or not to be, that´s the question o Es un paso pequeño que da el hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad.  Y hay otras expresiones desafortunadas que, al contrario que las anteriores, retrotraen, involucionan, desvirtúan, empequeñecen el destino de los hombres, lo vuelven mezquino. Por supuesto son mucho menos célebres, pero más abundantes.

                Y en esto de las expresiones desafortunadas, están los que al pronunciarlas no pasan del papelón de rigor, que son aquéllos cuyos dichos y actitudes no modifican la vida social. Pero también están aquéllos que por ser hombres públicos afectan con sus dichos y con sus actos a las demás personas.

                Plural, que reconoce en el doctor Alfonsín a un referente ineludible de la república y de la democracia, lamenta que una vez más el ex-presidente se haya ido de boca. Porque sus expresiones no son las de cualquier persona; afectan a una porción importante de la población, sobre todo a la que alguna vez lo hizo presidente de la república; porque sería necio desconocer que el predicamento de su figura, su habilidad de estratega político y la envergadura de su gestión pública lo colocan entre los políticos argentinos más importantes de la segunda mitad del siglo, sólo comparable con la talla de un Frondizi o de un Menem.  Sin embargo, a diferencia de Menem que suele tener el discurso justo en el momento oportuno, virtud que le ha permitido mantener su salud política en medio de un aparato enfermo y provocar con la sola expresión de su deseo la más rabiosa picazón de la Alianza, o a diferencia del propio Perón, que quizás menos apto para la república que Alfonsín, lució mejor y ganó más fama, Alfonsín incurrió en yerros verbales inauditos que se recuerdan y que se le reprochan, como aquél de que con la democracia se come, con la democracia se cura y con la democracia se educa, o el otro menos digerible de la casa está en orden.

                Y esta semana, creemos, se volvió a equivocar Alfonsín con un discurso inoportuno que no por superado resulta menos peligroso: el que habla de un golpe institucional al que habría que resistirle civilmente y si fuera necesario con las armas, al referirse a la posibilidad de que Menem sea habilitado para una nueva reelección.

                Pero aquí, además de una grosera equivocación de las formas hay un serio error conceptual. Ni la Corte Suprema ni siquiera una improbable reforma constitucional podría habilitar a Menem para una nueva reelección. Esa llave la tiene el pueblo, porque bastaría que Alfonsín o la Alianza convenzan al pueblo con un programa atractivo de gobierno para que el pueblo niegue con su voto cualquier aspiración reeleccionista, independientemente de intrincados vericuetos jurídicos o constitucionales. Que se habilite una candidatura no significa que se habilite un tercer período presidencial de Menem; para que ello ocurra, tendría que ganar las elecciones; y allí es donde el pueblo puede apelar a la resistencia civil  y utilizar la única arma legítima de la democracia que es el voto.

                Y eso Alfonsín lo sabe; lamentamos que nos mienta.

                Dos cosas tenemos en claro. La primera, no nos gustan las reelecciones indefinidas; ni de Menem ni de Miguel ni de ninguno.  La segunda, cuando somos convocados a votar lo hacemos responsablemente, y procuramos sostener con ese acto insustituible el equilibrio de fuerzas que exigen la república y la democracia.

                No tomaremos otra arma que no sea la del voto; pero cuando la usemos, nos esforzaremos por pegar en el blanco.

 

(Número 9)

Intendente Abel Miguel: Una manera de gobernar 'sui generis'

Intendente Miguel

La crisis política municipal

 

Escribe

Claudio Portiglia

 

                Que el intendente Miguel tiene una forma de gobernar sui generis no constituye novedad. La practicó con éxito durante catorce años y ahora, cuando los primeros nubarrones serios de su gestión ejecutiva se ciernen amenazantes sobre él y sobre su gabinete, no encuentra razones para no creer que podrá despejarlos a su manera, a lo Miguel, como lo hizo siempre.  Él unificó las decisiones, él monopolizó el partido, él abortó las eventuales herencias, él trazó las políticas y él condujo titiritescamente no sólo las conductas de sus representantes en el Concejo, sino también las de los circunstanciales legisladores que, disciplinados en la lógica miguelista, le aportamos los juninenses al parlamento de la provincia.

                Miguel no entiende a Junín sin Miguel y no puede por lo tanto entender sin él a su partido.

                Esa convicción narcisista que ya señalara Plural la semana pasada, llevó al intendente a gambetear la interpelación de los funcionarios sospechados por el desfalco y a presentarse él en sus lugares a responder preguntas sobre temas que no conoce o conoce mal mientras gana tiempo político y afirma una estrategia que hace agua por más de un agujero.

                Claro que su forma de gambetear recuerda la de aquellos mediocampistas calesiteros, buenos para tener la pelota cuando se juega descuento y se gana por un gol, pero intrascendentes y hasta perjudiciales cuando se debe remontar un resultado.

                Miguel no quiere perder la iniciativa, por eso no suelta la pelota. Iniciativa que ya le disputan no sólo desde la oposición externa, sino también los débiles y los perdedores de su propio partido y hasta algún oportunista que formado en el miguelismo ve llegada la hora de probar su posibilidad.

                Tal vez esa posición principista del ingeniero Miguel, que no podemos desconocer es coherente con aquello que siente y piensa, lo lleve además a elegir los medios de prensa por los que quiere hablar para recitar su inventario de justificaciones.  Plural, que no acepta inventarios prefabricados y que en su lugar pregunta, no ha sido agraciado por el momento por la agenda del intendente que rechazó una y otra vez nuestro pedido de entrevista.

                Como no queremos pecar de soberbios y como preferimos creer en la buena fe de las personas, sobre todo cuando se trata de funcionarios con tanto arraigo electoral y con tanto consenso, preferimos suponer que nuestra corta vida periodística y nuestra limitación en la tirada no nos legitima todavía para poder preguntarle. Pero confesamos que nos gustaría hacerlo.

                Como ciudadanos, mientras tanto, esperamos como todos los juninenses más celeridad en las decisiones y más claridad en los métodos de comunicación. Y ratificamos lo que venimos sosteniendo: las perpetuaciones son malas siempre, no sólo en los niveles de presidencia o de gobernaciones. Relajan, corrompen, debilitan, apañan actitudes delictivas. Y, como parece quedar demostrado, también engrupen a extraños y a propios.

 

(Número 9)

Ser plural

Como en la feria

Editorial

 

                Con diez números en la calle y una calificada plataforma de lectores, Plural ha merecido todo tipo de opiniones, conjeturas y augurios. Desde los entusiastas hasta los agoreros; pasando por los suspicaces, los cínicos, los hipócritas, los complacientes y los demagógicos.

                Resulta curioso ver cómo una persona que se molestó con un número se recupera y aplaude con el siguiente, y viceversa. Pero creemos, con alguna autoridad en la estimación, que la ciclotimia no emana de las oscilaciones del medio. Por el contrario, procuramos mantener una línea de coherencia  y de verdad independientemente de personas y personajes.

                Y vaya que había sido difícil.

                No sabíamos que en una ciudad como Junín, con una población más que respetable, hubiera todavía tan poco ejercicio en el arte del libre pensamiento, de la tolerancia, de la independencia de criterios, del pluralismo y de la honestidad intelectual. No sabíamos que conspicuos representantes de la sociedad en los distintos niveles de la actuación pública se manejaran todavía, en los umbrales del tercer milenio, con la lógica de las camisetas, por la que si festejo los goles de uno no puedo festejar los del otro, y si me lanzo sobre el otro con una estocada, no puedo repetirla para con el uno. No sabíamos de hombres grandes y serios practicando pucheros de circunstancia porque se sintieran tocados por alguna referencia o por alguna ironía, ni de hombres potencialmente inteligentes que desviaran el saludo por la crítica oportuna.

                Creíamos  -y creemos, claro-  en la madurez de un pueblo en condiciones de discernir qué quiere, qué tiene, qué le falta y adónde va.

                Creíamos  -y creemos, claro-  que bastaban la buena fe y el compromiso expuesto; sin acudir a las prebendas y sin ampararnos en los patrocinios.

                Creíamos que en un sistema republicano de franca y sostenida consolidación democrática, primarían el sentido de la apertura, del sano disenso, del intercambio y del debate. Y claro, lo seguimos creyendo.

                Pero vaya que había sido difícil.

 

(Número 10)

Entre el vértigo y la desmemoria

...ni de lo que pasa aquí, a la vuelta, a pocas cuadras, en todas partes

De nuestra redacción

 

                Es tanta la información recibida y tal la velocidad con la que se registran los acontecimientos que el cerebro humano no alcanza a procesar y cae, reiterada y prontamente, en el vicio de la desmemoria.

                Poco se habla ya de los responsables intelectuales del crimen de Cabezas, menos de los crímenes horrendos de Cipoletti y de las mochileras y nada, prácticamente, de los casos de Bordón o de Miguel Bru.

                Esta semana, en la que el chisporroteo político mantuvo a los compañeros de la fórmula presidencial del ´89 como puntos encontrados de una disputa que pierde en interés público a medida que crece en temperatura, tuvo como centros excluyentes de la atención periodística dos tragedias protagonizadas por niños, si bien es cierto que de distinta naturaleza y por diferentes motivos. Una, la muerte absurda de Cristian Quiroz, de sólo cinco años, atrapado en la hondura de un pozo de San Nicolás, a casi veinte metros de la superficie, como resultado de la negligencia homicida de vaya uno a saber cuántos responsables. Otra, la masacre de Arkansas; esa cacería virtual que se cobró cinco vidas reales porque dos mentes de trece y de once años respectivamente, no pudieron discernir entre las razones de la sangre y los estímulos de la videoarquía.  En Junín, mientras tanto, Juan Pablo Vila y Guillermo Bufager tendieron un manto de angustia y de impotencia sobre toda la población, que se preguntaba azorada por el sinsentido de tanta muerte inútil sin que nadie, absolutamente nadie, privilegie el interés de la vida humana por encima de las mezquindades de una concesionaria de peaje, una provincia y un municipio que discuten bizantinamente porciones de obligación y de responsabilidad mientras los siniestros cruces de la muerte continúan deglutiendo personas.

                Todo sucede tan velozmente, con tanto vértigo, que no hay tiempo para llorar demasiado. Otras atrocidades vendrán en otros días que harán olvidar las anteriores; porque en este reino destellante, bien que no luminoso, de la pantalla que todo lo domina, una muerte es un dato que se archiva o que se borra; pero al que debemos quitar prontamente de nuestras vistas y de nuestro pensamiento. No hay lugar para más; cedemos a beneficio de lo nuevo.

 

                Y mientras el 22º aniversario de otro episodio trágico que también es acosado por la desmemoria, nos recordaba furtivamente que aquí, en la Argentina, hubo torturas y hubo desapariciones; o que debe ser muy imbécil la persona que abandone las virtudes del general atacado por las miserias del político; algunos temas de los verdaderamente importantes pasaban al segundo plano, ocupando la atención de los actores, pero corriéndose del interés del público; condición inicial para el viaje hacia los dominios del yo no sé, yo no creo, yo no siento.

 

                Es grave lo que ocurre en la Municipalidad de Junín como para dejar que el vértigo nos quite la escena del centro de atención de la gente. Es grave porque allí se juega el destino de muchos, y cuando se habla del destino, se habla de la vida. No puede, la ciudadanía de Junín, permitir que se dilaten las explicaciones, que se mantengan las sesiones secretas al mejor estilo de las logias, que se manipulen renuncias protegidas y que se practique la política recurrente del dejar pasar, dejar correr para beneficiarse con el pronto hastío, con la pronta desatención, con el seguro olvido. Y no es menor el asunto, aunque lo de la noticia trágica impacte más. De la cadena de incompetencias que surge del mal desempeño de la función pública, también dependen vidas humanas: Plata que se roba es plata que falta para obras de infraestructura necesaria; por ejemplo, rotondas, semáforos o iluminación en los cruces; y asociaciones oscuras, donde potenciales demandantes y potenciales demandados no clarifican sus dominios ni sus alcances, alimentan la especulación de algo que se cocina a espaldas del pueblo y que atenta, en definitiva, contra su propia seguridad.

                Sin embargo, el interés por la dilucidación del desfalco que afecta a funcionarios de primer nivel, tiende a diluirse en la frágil memoria colectiva.

                Y es grave lo que sucede en el partido de General Arenales y en Arribeños en particular, donde una fraternidad extraña y ajena al sentir y al querer de los lugareños, se ha instalado, ha echado raíces, proyecta sus políticas fundamentalistas con maquinal decisión sobre iglesia, escuela y comunidad y nadie pareciera querer investigar, mientras medio pueblo se debate en la impotencia, presintiendo lo que les pasa, pero ignorando los métodos que le permitan explicar sus razones, en el lugar y en los tiempos que correspondan, ante las autoridades que sepan atenderlos, para preservar la educación de sus hijos y asegurarse la salud moral que por tradición confían al iglesia.

                Es un grupo de cincuenta familias, aproximadamente, que de por sí es relevante para una población reducida, y que cuenta con el apoyo explícito de vastos sectores de la comunidad, que constituido en asamblea permanente no consigue, sin embargo, conmover al obispo, ocupar a las autoridades municipales ni mucho menos a las provinciales, aun cuando se sospecha que flujos de dinero poco claros se derivaron desde La Plata para sostener las actividades de la fraternidad.

                “Es un problema de familias”, se escucha como justificación de las bocas oficiales; “esto viene de las diferencias que hubo por lo de las carrozas”, aseveran los ingenuos. De nada parecen servir las casi doscientas firmas que avalan un pedido formal de respuesta sobre temas puntuales como “manipulación de la catequesis familiar”, “desarrollo de una campaña de fractura y distanciamiento de los sectores comunitarios o apropiación indebida de patrimonio, que atribuyen los denunciantes a un proceder sectario. Tampoco parecieran servir de nada los antecedentes que la Fraternidad Mariana, una agrupación religiosa comandada desde Arrecifes por el sacerdote Efraín Sueldo, acumula en su corta pero vertiginosa expansión: Un paso nada feliz  por el colegio Nuestra Señora del Socorro de San Pedro, donde autoridades de la institución confirmaron a Plural que las consagradas a cargo  abandonaron el establecimiento tras la grave crisis comunitaria que produjeron y que derivara en enfrentamientos y tensiones varias, ni la conducción de un jardín de infantes que habrían perdido en Arrecifes por motivos semejantes.

                El vértigo y la desmemoria, sin embargo, parecen jugar a favor de quienes deben las explicaciones y en contra de un pueblo sacudido, sorprendido en su buena fe y paralizado ante las faltas de respuestas.

                Todos sabían en la reunión del martes 24 cuáles eran las causas que los mantenían en estado de asamblea y qué medidas deberían implementar para defender sus legítimos derechos; todos saben, además, dentro y fuera de la asamblea de padres, de los avances expansionistas de la fraternidad, por el sur santafesino, San Gregorio y Venado Tuerto, entre otros; y de los intentos insistentes sobre la escuela y la iglesia de Ascensión y sobre algún establecimiento del partido de Chacabuco, donde habrían encontrado seria resistencia del obispado de Mercedes-Luján. Pero pocos son los que realmente confían en que alguna autoridad, eclesial o política, se ocupe seriamente del asunto, porque pareciera que el temor o la desidia de algunos y los fuertes intereses de otros, se aunaran en contra del más débil, en este caso, el pueblo de Arribeños.

                Éstos son temas concretos que nos afectan a los habitantes de la región y de los que debemos ocuparnos. Son los casos que sin ninguna prensa, compiten en trascendencia  con aquellos famosos que instalan los medios de comunicación masivos y que muchas veces confunden las realidades, haciendo próximas las tragedias lejanas y ocultando torpemente las propias, aquéllas que ocurren a la vuelta de la esquina.

 

(Número 10)